El 'Vinimetro'
Vinicius había soportado amagos de silbidos en el Bernabéu a lo largo de la temporada, pero lo vivido el día del Levante rebasó todas las expectativas. El Bernabéu ha silbado a muchos y muy buenos jugadores, no se libraron Michel y Butragueño, componentes de la Quinta de los noventa, ni tampoco Zidane muchos años después. Así que no es una novedad lo sucedido con Vinicius, si lo es el elevado nivel de decibelios.
Apenas 72 horas después del partido ante el Levante el Madrid volvía a jugar, en Champions y con la necesidad de ganar para no salirse del TOP 8, y ya no hubo pitos a Vinicius, que marcó un gol, no lo festejó con la grada, pero si con su entrenador, Álvaro Arbeloa. Se produjo una situación de calma tensa entre jugador y afición, que salvo que los agentes del brasileño se empeñen, están condenados a entenderse si el futbolista acaba aceptando la oferta del club.
Por unas cosas o por otras Vinicius siempre está en el centro del huracán. Cuando quiere y cuando no. Ahora se ha convertido en la unidad de medida de la desaprobación del Bernabéu. Una especie de “vinímetro”. Si la gente está contenta hasta le pueden aplaudir, si se enfadan él es el grado que mide la altura del desacuerdo. Hasta ese punto su personalidad cala en el corazón de su afición. Le aman, aunque a veces no le soporten.
La holgada victoria de Champions ante el Mónaco ha sido un bálsamo para sanar una relación incómoda. A Vinicius, y sólo a él, le corresponde pensar cada mañana que está donde ha elegido, y convertir aquella estruendosa pitada en un mal día, un instante para el olvido.
