Han bastado dos malos resultados del Real Madrid para que las críticas arrollen el trabajo de Xabi Alonso. Saltaron las alarmas tras la goleada sufrida frente al Atlético de Madrid, pero el eco de la protesta quedó apagado por las victorias inmediatas. La segunda derrota de la temporada llegó en Liverpool, esta vez el mal efecto quedó amplificado por el posterior empate en Vallecas.
Xabi Alonso, que conoce la inmensa repercusión de su cargo, habló de mesura en la sala de prensa de Vallecas, cuando ya adivinaba que la ausencia de partidos abriría una ventana muy incómoda, incompatible a la mesura.
El Madrid es líder de la liga y está en el top8 de la Champions. En el campeonato doméstico es, con el Villarreal, el equipo menos batido. Los números avalan a Xabi, sucede que es verdad que el equipo no avanza como a él y a sus críticos, eso parece, les gustaría.
En sus dos últimos partidos, Liverpool y Rayo Vallecano, el Madrid no se ha impuesto ni individual ni colectivamente. En Vallecas, salvo la intención de Vinicius, solo contra el mundo, ningún jugador estuvo a su nivel, incluido Mbappé, que había marcado en todas las jornadas de liga, salvo al Mallorca, y sin previo aviso ha convertido la materia en espíritu.
Dos malos resultados y peores sensaciones no pueden convertir a Alonso en sospechoso de incorporarse al recuerdo de grandes entrenadores como Benítez o Lopetegui que no triunfaron en el Madrid. Decir que el parón blanco es culpa de su técnico es una injusticia. Que todo está en su mano también es cierto. Xabi pide mesura, que la paciencia le acompañe.