Que el partido está cuesta arriba, Bellingham lo allana. Que se te queman las patatas, o no funciona el microondas, o se funden los plomos, o se lesionan Courtois, Militāo y Vinicius, el factor corrector es Bellingham. Que hay un picotazo en la luna del coche y no tienes el teléfono de Joseba el de Carglass, conecta con Bellingham. El joven prodigio inglés es el bálsamo Fierabrás, el toque de Johnson, el tres en uno y el remedio de todos los males: cuatro partidos, cinco goles y el Madrid, líder. No es Cristiano, porque CR sólo hay uno, pero hay quien se atreve a compararlo; ni siquiera es Benzema, pero resulta que su eficacia goleadora obnubila el recuerdo Karim. Somos de lo último, y si lleva el escudo del Madrid, mucho más. Ahora la mejor operación es la que no se ha hecho: Mbappé. ¿Que no ha venido cuando se presumía que estaba buscando casa en La Finca? Mejor. El club se ha ahorrado una fortuna y Bellingham suple las carencias. ¿Que la perla francesa hace caso a los cantos de sirena de Macron y de Al-Khelaïfi y que se contradice, una vez más, y renueva y sacrifica ese supuesto sueño de jugar en el Madrid?, peor para él: “Tenemos a Bellingham”. Como si no viene Haaland. Jude lo soporta todo, el peso de la historia, el del escudo y el de las ausencias. Es el gran fichaje, el descubrimiento, la piedra filosofal.
Sólo tiene 20 años, cumplidos hace dos meses. Desde el vestuario del Dortmund llegan tibias críticas. Y qué. En el del Madrid deslumbra. Sus intervenciones en sala de prensa desde que fue presentado son ejemplares. Tiene gol, más de dos dedos de frente, carisma y unas espaldas que lo soportan todo. Está en su salsa, tan joven.

