Albania, Islandia y España. Tres selecciones; la primera, apañada; la segunda, un bombón, y la tercera, un equipo superior. Luis Enrique ha inculcado a sus jugadores, sean cuales fueren, el trabajo solidario, la presión constante en todo el campo, el no dar un balón por perdido ni arriba ni en el centro ni abajo, la incorporación de los defensas al ataque y la de los delanteros socorristas a la retaguardia. Conclusión: España es un equipo. Parece un eslogan, pero es la realidad. Además, el equipo juega bonito.
Cerrada temporalmente la ventana de selecciones, LaLiga sale al encuentro y se mantendrá sin pausas hasta el 22 de abril (el 23 es la final de Copa). Los equipos entran así en la etapa decisiva, pendientes de la inminente jornada. El líder destacado juega en Vigo y Carlo Ancelotti ha dado positivo por Covid. En su probabilísima ausencia será su hijo Davide el responsable del banquillo.
Otro ausente en Balaídos, Eden Hazard, convaleciente. Las reiteradas lesiones han mermado su condición física, han ocultado su talento y su futuro madridista está cogido por alfileres. Suerte perra la suya. Siga o no en el club, lo que ya está decidido es que Mbappé heredará su dorsal, el 7. Ya no hay dudas sobre el fichaje del astro francés. En cuanto a Haaland... “Imagínese a un hombre sentado en su sofá favorito. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense”, según Alfred Hitchkock. Pues con el gigante noruego ocurre algo parecido, pero sin bomba: según la dirección del viento puede parecer que Florentino le ha reservado el número 19, que sería el 9 cuando se “jubile” Benzema –que ojalá sea muy tarde–, o que ha caído en las redes de Guardiola. Mientras, hay Liga.