La FA Cup, la 'joya' desvalorizada
FRIDAY PREMIER
El interés por el torneo de más prestigio en Inglaterra decae por la saturación del calendario, las rotaciones de los entrenadores y el seguimiento a través de ‘TNT Sports’, televisión de pago


- Xavier Hoste
Periodista
Manchester City y Liverpool jugarán este sábado en el Etihad Stadium uno de los mejores partidos que hoy en día puede verse y disfrutarse en Inglaterra. No lo harán en la Premier League, sino en los cuartos de final de la FA Cup, la competición de fútbol más antigua del mundo y de mayor tradición del fútbol inglés, pero que lleva tiempo perdiendo popularidad y audiencia en el Reino Unido. El partido entre ‘skyblues’ y ‘reds’ supone este año una excepción en interés al descenso de seguimiento que está teniendo el gran torneo inglés, con estadios semivacíos pese a su prestigio e historia centenaria, con muchos recuerdos ligados a las gestas de clubs modestos, lo que en el Reino Unido se ha vivido siempre como ‘the magic of the Cup’.
Durante esta temporada, sin embargo, la FA Cup inglesa ha ido discurriendo oculta al interés de los ‘football supporters’, producto de la saturación de partidos y las rotaciones de jugadores a que están obligados los entrenadores, pero también debido al contrato firmado por la Football Association (FA) con las televisiones de pago. Los partidos de la copa inglesa han sufrido una pérdida en atención, importancia y visibilidad. La mayoría se ven tras un muro de pago (‘TNT Sports’), aunque la ‘BBC’ ha mantenido los derechos para emitir 14 partidos al año en abierto, incluyendo dos de los cuartos, una semifinal y la final. El eslogan publicitario del torneo se mantiene en elevar las proezas y superación de los equipos más humildes, que este año encarna el Port Vale, colista en la League One, pero la gran Cup inglesa ha vivido, sin duda, mejores tiempos.
La competición que durante muchas décadas fue el alma del fútbol inglés corre el riesgo de quedar relegada a un torneo menor, sobre todo para los grandes clubs, en una era donde los intereses económicos están por delante de las tradiciones.
El increíble triunfo del Crystal Palace sobre el Manchester City en la final del año pasado vino a simbolizar todo lo que este torneo histórico ha representado para los británicos: la oportunidad de que los clubs más pobres venzan a los poderosos y en un estadio como Wembley, el escenario de mayor relevancia en Inglaterra. Pero tras el sorprendente triunfo de los ‘eagles’ del sur de Londres el año pasado, la añeja competición inglesa sufre para evitar la caída de notoriedad.
Rotaciones y jóvenes
Debido al contrato por cuatro años que la FA inglesa firmó con ‘TNT Sports’, por 264 millones de libras, el muro de pago ha acabado haciendo daño a la popularidad del torneo. Cualquier aficionado que haya querido ver todos los partidos de la FA Cup habrá tenido que desembolsar antes 30 libras al mes. Además, el exceso de partidos en un calendario sobrecargado es otro de los factores que han contribuido a este paulatino declive en el interés. Los entrenadores suelen citar esa carga de encuentros para los futbolistas como motivo para estar obligados a hacer rotaciones, priorizando la Premier League o las competiciones europeas sobre la FA Cup. Igualmente, para los clubs más modestos, la eliminación de los partidos de desempate ha suprimido una fuente de ingresos crucial para sus débiles economías, ya que tradicionalmente eran los beneficiados. En caso de empate, les suponían una fuente de ingresos adicional.
Pep Guardiola ha sido uno de los entrenadores más críticos con ese congestionado calendario de partidos al que están sometidos los jugadores, con casi 70 partidos disputados por temporada sumados los partidos europeos, al que responsabiliza de las lesiones. Pep aduce que afecta claramente al rendimiento de los jugadores y obliga a cambiar la planificación y prioridad en los clubs. “No es una falta de respeto hacer rotaciones cuando el calendario es inasumible”, ha justificado el técnico catalán del Manchester City, antes de jugar este sábado frente al Liverpool. Chelsea-Port Vale, Southampton-Arsenal y West Ham United-Leeds United completan el cuadro de cuartos de final que se disputa este fin de semana.
El caso del Arsenal resulta a la vez paradigmático sobre la situación insostenible de partidos encadenados, ya que, tras el parón internacional de selecciones, los ‘gunners’ han sumado hasta 11 lesionados, casi todos ellos internacionales y puntales del equipo de Mikel Arteta, como son Rice, Saka, Eze, Timber, Magalhaes, Saliba, Madueke, Zubimendi, Hincapié, Trossard y Odegaard. “Es un desastre en potencia”, se ha quejado el técnico vasco. Cómo afrontará su viaje a Southampton y cuántos jugadores podrá recuperar para el partido es todavía una incógnita, y muestra el sobreesfuerzo mental y físico a que les obligan ahora las últimas eliminatorias de FA Cup.
La oportunidad de los humildes
Los clubs de la élite inglesa están reconsiderando sus prioridades, lo que ha ido reduciendo el interés por los encuentros, cuya derivada es también un menor gancho para ‘supporters’ y patrocinadores. Igualmente, al haber sido eliminados los partidos de desempate se reduce mucho el margen de las sorpresas. Este año el caso del Port Vale, colista de la League One, la tercera división inglesa, llama la atención tras eliminar al Sunderland de la Premier League. Otro momento memorable fue la victoria, en tercera ronda, del Macclesfield, de la National League North, sobre el campeón vigente, el Palace. Son ejemplos del inequívoco poder transformador que ha tenido siempre el torneo en la pirámide desigual del fútbol inglés.
Los partidos de la FA Cup solían aportar claros beneficios para los clubs más modestos, y a ellos acudían en masa sus aficiones a los estadios. Hoy en día, la asistencia desciende paulatinamente y la televisión de pago ha ayudado a bajar el nivel de seguimiento. Es difícil no tener la sensación de que la FA Cup moderna, sumida como todo el fútbol inglés en la explotación de los contratos televisivos, va abandonando el romanticismo de los viejos tiempos para anteponer los intereses económicos. Y por el camino, inevitablemente, se va quedando su prestigio

