Tottenham, la ansiedad del miedo
FRIDAY PREMIER
Sectores influyentes de los ‘Spurs’ presionan para cambiar otra vez de entrenador, tras ser goleados en Madrid y la inquietud que provoca la amenaza del descenso de la Premier
¡Tudor alucina! 12 lesionados antes de visitar Anfield: "Nunca he visto esto en mi carrera"


- Xavier Hoste
Periodista
Un abatido Igor Tudor se plantó en Londres el miércoles armado solo con palabras de resignación y confianza, pese a la nueva debacle de sus jugadores ante el Atlético, en la Champions League (5-2). “Pedimos disculpas a la afición”, repitió el entrenador croata de los Spurs, para calmar un ambiente muy adverso alrededor del club del norte de Londres, donde los sectores más influyentes reclaman ya su destitución. Otro muy mal partido del Tottenham Hotspur y los fallos inexplicables del habitual portero suplente, el checo Antonin Kinsky, al que Tudor quiso dar una oportunidad, han agravado el derrumbe anímico que vive una plantilla construida para luchar por los títulos y no para tratar de eludir el descenso de la Premier League, amenaza más que nunca posible. Le esperan ahora nueve finales para evitarlo.
La posición de Tudor, llamado para sustituir al danés Thomas Frank e impulsar los resultados de un equipo muy atenazado por los nervios, es ya muy difícil. Él también está ya cuestionado tras solo cuatro partidos en el banquillo de los ‘lilywhites’, en los que han encadenado una derrota tras otra. Sabe que la directiva del club norlondinense ya cuestiona que sea factible su continuidad. Entretanto, su mensaje solo trata de atisbar cierta esperanza: “Debemos mantener la calma, trabajar y concentrarnos en el siguiente partido”. Y lo que viene es, ni más ni menos, que una visita a Anfield, el domingo, ante un Liverpool que no suele apiadarse de los rivales miedosos. Si el Tottenham no puntúa, es seguro que será el final de Tudor. Si hay un momento que resume la desmoralización del Tottenham fue ver al técnico croata pidiendo calma a sus jugadores mientras perdían 3-0 a los 17 minutos y su portero se marchaba hundido a los vestuarios, tras una sustitución que ha sido vista por todos los medios británicos como una “humillación” incomprensible. Ignorado por su entrenador, Kinsky fue seguido al túnel de vestuarios por João Palhinha, Gallagher y Solanke para consolarle, imagen explícita de que tampoco sus jugadores comprendían el cambio, contrastando con la frialdad que esgrimió Tudor. El técnico explicaría después que sustituyó a Kinsky para “preservar al jugador y al equipo”, pero las críticas al entrenador de los Spurs han sido tan duras como generalizadas en Inglaterra.
Y ahora la pregunta que rodea al club y a sus propietarios, la familia Lewis, a través del grupo inversor Enic, es si Tudor puede contar aún con el favor de la plantilla para afrontar el tramo final de una temporada aciaga, cuando se requiere la máxima unidad para salir de la peor situación del club en décadas. Un descenso a la EFL Championship supondría un golpe durísimo para la imagen y economía del rico club del norte de Londres, uno de los llamados ‘Big Six’.
La plaga de lesiones
Ninguna decisión técnica que ha tomado Tudor ha funcionado en los cuatro partidos del croata, con el equipo muy débil y desorganizado, marcado por las numerosas lesiones, algunas de jugadores tan importantes como Kulusevski, Bentancur, Maddison o Kudus. Contratado por su fama de ‘fire fighter’ (‘bombero’) en sus clubs anteriores, experto en apagar los fuegos de las situaciones de crisis, su llegada no ha traído nada bueno para los Spurs. Y el ambiente tampoco ha mejorado. Algunos jugadores han deslizado su descontento por las nuevas tácticas y cambios de posición y jugadores de peso como Palhinha, Conor Gallagher y Xavi Simons han caído en la suplencia. El holandés Micky van de Ven, que se perderá el viaje a Liverpool por sanción, resumió la situación interna: “Es un momento realmente terrible. ¿Cómo nos sentimos mentalmente? Es muy duro”. Ningún entrenador anterior había perdido sus primeros cuatro partidos y la directiva valora las consecuencias de otro cambio de entrenador en un mes. De momento, solo ha mantenido conversaciones con el italiano Roberto De Zerbi sobre su posible nombramiento para el próximo verano, con la intención de construir un proyecto de futuro. Es la primera alternativa al argentino Mauricio Pochettino, si deja EEUU tras el Mundial.
La familia Lewis vive así en una encrucijada, tras la salida de Daniel Levy, sin ningún beneficio perceptible tras la sustitución en el control de la propiedad del club por los hijos del patriarca de Enic, el magnate Joe Lewis. Tienen ahora además la presión del exclusivo Tunnel Club en el lujoso Spurs Stadium. Algunos de esos miembros ‘premium’ del estadio, los que más pagan, con abonos que cuestan alrededor de 20.000 libras por asiento, ya han dirigido su descontento al director ejecutivo Vinai Venkatesham y el director deportivo Johan Lange. La última palabra sobre Tudor la tendría el representante de la familia Lewis, Nick Beucher, que reside en Florida. Casado con la hija de Vivienne Lewis, es quien ejecuta ahora todas las decisiones del club norlondinense.
Un drama en nueve jornadas
Se avecinan pues nueve jornadas de gran tensión para el Tottenham, que no ha ganado en 11 partidos en la liga inglesa. Especialmente débil es su comportamiento ante su descontenta afición, ya que es más vulnerable en el Spurs Stadium, con los nervios aumentando al ver el calendario inminente. Tras la visita a Anfield, los ‘lilywhites’ jugarán la vuelta contra el Atlético en la Champions, que se vive como una distracción, y un crucial partido en casa contra el Nottingham Forest, rival directo porque también está sumido en la lucha por evitar el descenso a la EFL Championship. Entretanto, el club baraja los nombres de exentrenadores como Harry Redknapp, Glenn Hoddle y Tim Sherwood como posibles soluciones de emergencia, solo para poder evitar la vergüenza del descenso. Desde 1950, los Spurs solo han pasado una temporada fuera de la máxima categoría y fue en 1977. Miembro privilegiado de la elite inglesa, el histórico club de Londres es el noveno con mayores ingresos del mundo, por lo que su descenso supondría uno de los desastres más inesperados en la era de la opulenta Premier League.