La selección francesa llegó al Mundial con ciertas dudas de cuál iba a ser su desempeño en Qatar2022. La presión por ser la vigente campeona, las bajas de jugadores clave como Kanté y Pogba o la lesión a última hora de Benzema, Nkunku y Kimpembe unido al batacazo en la última Eurocopa dibujaban un panorama poco optimista. Algo que se acentuó con la grave lesión de Lucas Hernández en el primer partido.
En cuanto el balón empezó a rodar las dudas desaparecieron. La idea de juego es clara y juegue quién juegue el estilo es el mismo. No es un equipo brillante ni que levante a los aficionados del sillón, pero es solvente. El compromiso no se negocia y todos juegan con un sentido colectivo admirable.
Lloris capitanea desde la tranquilidad y el sentido común, dotando de calma a los compañeros en los momentos de exceso de energía. La defensa saca bien el balón jugado, tiene un poderío físico descomunal y es veloz. Y si hay que dar un balonazo lo da. Encontrar una grieta en ese muro es complicado. Además, se compensa a las mil maravillas porque por un lado Koundé da equilibrio y por el otro Theo aporta profundidad.
El centro del campo se adapta a lo que necesite el partido, puede defender o atacar, destruir fútbol o crearlo. Rabiot y Tchouaméni tienen pulmones, despliegue y calidad para aportar lo que el partido necesite. Y luego está Griezmann, que es el jugador sobre el que gira todo. Se mueve por todo el campo y en todas partes lo hace bien. Es el encargado de conectar la defensa con el ataque, pone la pausa, el temple, la calidad y las ventajas. Cada balón que toca mejora la jugada para su equipo. Igual que hizo en 2018, ha dejado atrás su función de 'matador' para sacar a relucir la de director y lo está haciendo a las mil maravillas. Además, lleva el 'cholismo' en la sangre y defiende como el mejor. Aporta en ataque y en defensa.
El ataque se nutre de las ventajas que aporta Griezmann para que Mbappé y Dembélé tengan opción de encarar a los laterales constantemente. El jugador del PSG encara hacía dentro buscando portería y dejando la banda para que Theo percuta, y Ousmane busca la línea de fondo para intentar encontrar a Giroud, con la tranquilidad de que detrás está Koundé para paliar las posibles perdidas. El papel del 9 francés es claro, rematar todo lo que llegue cerca del área y dar ventajas y generar espacios entre lateral y central para que sus compañeros destaquen. Seguramente no aparecerá en las portadas, pero su papel es fundamental para que Francia gane. Las cabalgadas de Kylian son otro de los puntos fuertes del equipo de Deschamps, que adapta su estructura en el campo y su juego a la manera que más le conviene a su estrella.
Parece que no jueguen a nada y lo que hacen es desactivar el juego de los adversarios para acabar ganando el partido gracias al talento que tienen en la parcela ofensiva. No existe rival más incómodo que ellos. Están repitiendo el mismo patrón que en Rusia 2018 y esto empieza a ser un Déjà vu. El Déjà vu francés.


