El PSG y Luis Enrique han conseguido sacar el 'prime' futbolístico de Ousmane Dembélé en la parte decisiva de la temporada. El conjunto parisino pagó los 50 millones de su cláusula el pasado verano y se fue de manera abrupta del FC Barcelona, dejando un muy mal recuerdo entre los aficionados, tal y como se pudo comprobar en la eliminatoria de Champions en la que fue pitado por la masa social culé.
Desde su llegada al Parque de los Príncipes fue titular indiscutible y una pieza básica para 'Lucho', quien en algunos partidos incluso le ha hecho jugar por dentro. Aún así a lo largo de todo el curso a sus carreras endiabladas y a la velocidad y regate que ya se le conoce le faltaba añadir el gol. Sus cifras no respondían a la cantidad de ocasiones que tenía. Jugaba como un crack, pero podía hacerlo como un megacrack, algo que en las últimas semanas está haciendo.
El 'Mosquito' ha afinado la puntería y va de picotazo en picotazo. En los últimos tres partidos ha marcado cuatro goles, todos ellos de bella factura. Con la izquierda y con la derecha, en un lado del campo y en otro. Por abajo y por arriba. Ousmane se siente querido, respetado e importante. Las lesiones también le están dejando brillar y ya ha llevado al PSG a las semifinales de Champions, donde enfrentará al Dortmund.
Es probablemente el mejor momento de su carrera deportiva y ahora le queda el reto de ganar la ansiada Champions League del PSG y la siempre deseada Eurocopa con Francia. Ya lo dijo Xavi en su día y aunque sus palabras causaron risa, no le faltaba tanta razón. ''Dembélé en su posición puede ser el mejor del mundo''. Y ahora el atacante francés de 26 años está demostrando que si no es el mejor, es de los mejores.
Puede salir por la izquierda y por la derecha, le pega con las dos piernas, desequilibra en estático y en movimiento y cuando arranca la moto, el único capaz de frenarla o de provocar que se pase de revoluciones es él mismo.


