Un lastre que pesa demasiado

GIRONA FC

El Girona se afianza al farolillo rojo entre errores propios, goleadas y un ‘gol average’ muy difícil de levantar

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Imágenes del partido del Girona frente al Elche

Pablo Miranzo / EFE

El Girona vuelve a mirar a la clasificación con una certeza que duele: así es imposible construir tranquilidad. Los 29 goles encajados en las primeras 15 jornadas —el peor registro defensivo del club en Primera a estas alturas— han situado al equipo en un territorio que exige milagros semanales. Y no es solo una cuestión de números; es una cuestión de sensaciones, de golpes repetidos y de una dinámica que convierte cada partido en una prueba de resistencia emocional.

Los catalanes son, hoy por hoy, el equipo más goleado de LaLiga. Siete derrotas —récord negativo histórico del club en este tramo de competición— lo explican, pero no del todo. El problema no radica únicamente en perder, sino en cómo se pierde. Tres, cuatro goles encajados en varios encuentros que no solo destruyen las opciones de puntuar, sino que hipotecan uno de los factores más determinantes en una lucha por la permanencia: el ‘gol average’.

Y ahí, el Girona está quedando muy lejos de sus rivales directos. Ha perdido por goleada partidos cruciales, aquellos que en mayo dictan condenas: Elche, Levante… Encuentros que no se pueden permitir regalar porque, cuando llegue el momento de desempatar, el daño ya estará hecho. El equipo no solo ha cedido puntos, sino una diferencia de goles que puede ser decisiva.

En esta ecuación aparece inevitablemente el foco sobre Paulo Gazzaniga. Cuatro de los 29 goles encajados han llegado tras errores groseros del portero argentino, cifras que lo señalan como el guardameta que más tantos ha regalado al rival esta temporada. El debate sobre la portería ya no es una cuestión de opinión: forma parte del problema estructural.

Pero la responsabilidad no es exclusiva de un hombre, ni de una línea. El Girona dio un paso atrás en conceptos básicos: contundencia, atención en balones laterales y gestión de las pérdidas. Las concesiones vuelven a repetirse y cada regalo se paga con un precio altísimo.

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La permanencia continúa al alcance, pero las sensaciones que dejan este tipo de encuentros amplían las dudas. El equipo necesita resetearse atrás, recuperar solidez y evitar que cada gol encajado sea una sentencia. Porque en un torneo tan apretado, defender bien no es solo cuestión de orgullo: es, simplemente, cuestión de supervivencia.

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