El Girona afronta el partido ante el Alavés con una única opción sobre la mesa: ganar. No hay más. Tras más de dos meses sin conocer la victoria, la necesidad de sumar tres puntos se ha convertido en una urgencia absoluta para un equipo que, poco a poco, ha visto cómo su colchón de seguridad se ha ido reduciendo.
Siete jornadas sin vencer, cuatro derrotas y tres empates han sembrado la preocupación en Montilivi. La permanencia no está asegurada, y el recuerdo de lo sucedido en mayo de 2019 resuena con fuerza en la memoria de algunos aficionados.
Aquel Girona que descendió a Segunda División vivió un desenlace de temporada similar al actual. En la segunda vuelta de la temporada 2018-19, el equipo sumó únicamente 12 puntos de 57 posibles, con una caída estrepitosa en los últimos diez partidos, en los que solo consiguió una victoria y encadenó seis derrotas consecutivas.
Un desplome que lo arrastró a Segunda tras una primera vuelta en la que llegó a coquetear con posiciones de privilegio. Ahora, las similitudes con aquella debacle son inquietantes: el Girona de Míchel ha sumado apenas seis puntos de los últimos 30 en juego y el equipo ha pasado de soñar con Europa a verse obligado a luchar por la salvación.
Sin embargo, hay una gran diferencia entre aquel Girona y el actual. En 2019, el equipo se quedó sin respuestas, sumido en un agujero del que no supo salir. Ahora, aunque la racha de resultados sea negativa, la sensación no es la misma. Míchel insiste en que el equipo sigue compitiendo y que solo falta un triunfo que desbloquee la situación. "Tenemos que ganar ya, lo necesitamos", ha repetido en varias ocasiones. Y no le falta razón.
El partido ante el Alavés es, sin duda, el más importante de lo que queda de temporada. No solo por lo que significan los puntos en la clasificación, sino por lo que supone en lo anímico. El equipo necesita recuperar confianza, volver a sentirse fuerte y cortar de raíz una dinámica que, de alargarse, podría derivar en un sufrimiento inesperado en las últimas jornadas.
Montilivi debe ser el bastión que impulse la reacción. En casa, el equipo ha dejado escapar demasiados puntos y es ahí donde debe cimentar su permanencia. La historia ha demostrado que, cuando un equipo entra en barrena en el tramo final del curso, salir de esa espiral es complicado. Aprender del pasado es clave, y el Girona debe asegurarse de que lo ocurrido en 2019 no se repita.


