La verdad tardía
En 2013, el Barça de Sandro Rosell fichó a Neymar, considerado uno de los mayores talentos jóvenes del momento, arrebatándoselo al Real Madrid, que creía tenerlo atado. El club azulgrana le pagó una prima de fichaje de 40 millones para que firmara en 2014, cuando acabase contrato con el Santos. Al final, el Barça adelantó un año su llegada y pagó 17 millones de traspaso al club brasileño, sin abonar ninguna comisión a ningún intermediario.
A pesar de que fue la mejor operación de la historia del fútbol, dado que Neymar, después de ganar ocho títulos (Champions incluida) con el Barça en cuatro años, se marchó al PSG, con la intermediación millonaria de –oh, sorpresa– Pini Zahavi, dejando 222 millones. Al poco de llegar Neymar al Barça, el socio Jordi Cases, que semanas antes intentó una moción de censura contra Rosell solo tres años después de ser elegido como el presidente más votado de la historia, decidió denunciarle ante la Audiencia Nacional, acusándole de apropiación indebida, reuniéndose antes con el sindicato ultraderechista Manos Limpias. Está claro que no actúo solo y que alguien, con alianzas políticas, le pagó ese deleznable ataque judicial, cuyo objetivo era derrocar a Rosell y desestabilizar al Barça, que lo ganaba todo.
La prensa de la capital, esa a la que ahora no le interesa explicar la prima de fichaje que el Real Madrid ha pagado a Mbappé por llegar libre, aprovechó la autopsia judicial para calificar la operación de corrupta, y dictar sentencias mediáticas condenatorias. Hoy, 13 años después, el Tribunal Supremo ha ratificado la absolución de Rosell y Bartomeu, confirmando que el traspaso fue de 17 millones. ¿Alguien pedirá perdón?
