Director de Mundo Deportivo

Cambiar modelos

La tecnología llegó para ayudar al fútbol y lo está estropeando. Es el momento en que se debe plantear cambiar modelos o revisarlos, pero hay cuestiones que necesitan una reforma. Hace años el poder de los partidos radicaba en el árbitro de campo. Ahora se ha derivado al VAR. Las normas del videoarbitraje se hicieron para una implantación que no fuera salvaje, pero los aficionados viven las decisiones arbitrales como cuestiones de vida o muerte. Y a veces lo son. Pero hay que darle una vuelta a la aplicación del VAR después de un tiempo de prueba y error. Más de error que prueba.

Cuantas menos normas de interpretación haya en el fútbol, mejor. Antes si el balón venía de un contrario no había fuera de juego. Eso era sí o no. Posiblemente injusto en algunos casos, pero claro. Cuando se interpreta, aumenta el lío. Si la toca un contrario no hay fuera de juego. Y punto. Es curioso que el VAR del fútbol femenino sea tecnológicamente peor, menos avanzado y selecto que el masculino, pero al menos en el primero los entrenadores pueden elegir cuando han de acudir al VAR. Sí, eso implica más tiempo, bastante más, con las actuales herramientas del VAR femenino, pero permite a los clubs ser proactivos y se podría diseñar el cómo con rigor.

Porque hoy por hoy se están sacando de madre cuestiones bastantes absurdas. Una, por ejemplo, es que se critique al árbitro porque no sabía que un jugador ya tenía una tarjeta amarilla. ¡Al revés! Habría que felicitarlo, porque significa que pita de forma natural. Una amarilla lo es o no lo es. No debe estar en función del tiempo que falta, del equipo que es o de si se carga el espectáculo. Es o no es. Otras es que se fomenta de alguna forma que aumenten las quejas, porque parece que funciona el quien no llora no mama. Y así, también, los jugadores pueden quedar sin apenas responsabilidad en el paraguas de los líos arbitrales, cuando han de tener su parte de culpa a la hora de elegir una opción que puede suponer una tarjeta roja, invalidante y que deja al equipo en las grandes competiciones sin capacidad de reacción. Hay muchos temas sobre la mesa, es necesario que quieran ponerse manos a la obra para mejorarlos.

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