Flick manda, Arbeloa improvisa
La conquista de esta Liga está cada vez más cerca. El Barça se la está mereciendo. Los de Hansi Flick son un equipo que sabe exactamente lo que quiere. En cambio, el Real Madrid, que en los 10 partidos de Liga con Arbeloa, ha perdido contra Getafe, Osasuna y Mallorca, navega a la deriva buscando su identidad perdida y encomendándose a la inspiración intermitente de sus cracks. Este Barça no solo lidera la tabla sino la era madridista de Mbappé. La diferencia no es solo de puntos. Es de filosofía, de colectivo y, sobre todo, de actitud.
Hansi Flick ha construido algo que en el fútbol moderno vale más que cualquier fichaje galáctico: un equipo. Un bloque de once futbolistas que comprenden a la perfección su rol, que presionan hasta el agotamiento, que no especulan y que mueren en cada balón dividido. La idea táctica es cristalina: presión alta, salida limpia de balón, vértigo en transición; y los jugadores la ejecutan con una convicción que solo se consigue cuando hay creencia real en un plan y un método. El mediocampo es la gran diferencia estructural. Pedri, De Jong, Bernal o Fermín conforman una sala de máquinas de muchos quilates. Técnica, fluidez, pausa y llegada.
El Madrid, en cambio, naufraga demasiadas veces cuando dirigen Camavinga y Tchouaméni. Pero hay algo que los números no recogen y que cualquier aficionado ve: la actitud. El Barça compite igual contra el Getafe que contra el Paris Saint-Germain. En el Madrid, en cambio, hay estrellas que parecen necesitar los focos encendidos de los partidos grandes para enchufarse. Y en una Liga de 38 jornadas, eso se paga. La clasificación no miente.
