El fútbol es política
Apesar de todo, y aunque no guste el titular, el fútbol es política. Durante mucho tiempo, y todavía hoy, se ha afirmado por todas partes la teoría de que el fútbol, y el deporte en general, no es política. Sostienen unos y otros que no se puede politizar el fútbol, ni el deporte, y que el deporte sólo es eso: deporte. Seguro que si ustedes la buscan encontrarán mucha literatura al respecto.
Y el tiempo y los hechos se cuidan de demostrarnos lo contrario de forma permanente.
De entrada, sólo por el hecho de que haya selecciones nacionales que compiten entre ellas y que a menudo hacen aflorar las más bajas pasiones de sus seguidores más patriotas, ya es una prueba bien palpable. Y cuando el papel de estas selecciones es cada vez más importante (poderoso caballero es don dinero), y además se las tiñe de valores patrios, como acostumbra a hacer el seleccionador español quien suele poner por encima de los criterios deportivos, la representatividad (¡política!) de la selección, pues ya tenemos la tormenta perfecta.
Esta parada de selecciones, más allá de la desgraciada lesión de Raphinha que al Barça le pesará como una losa, ha dejado también un mal recuerdo en el partido que la selección española jugó en el RCDE Stadium, en Cornellà-El Prat. Los cánticos racistas no sólo son intolerables e impropios de una sociedad civilizada, sino que demuestran de manera clara esta politización que no se quiere ver.
No hace falta engañarse, hoy llevar un partido de la selección española de fútbol a Catalunya es un acto político, no es sólo una competición deportiva. Y, claro, cuando juegas a este juego puede salirte mal, algo bastante habitual en todo lo que toca la Real Federación Española de Fútbol.
