
El ángel y el demonio del Barça
El barcelonismo está de subidón. Goleada al Sevilla y goleada al Newcastle. Liderato en LaLiga y golpe de autoridad en la Champions. Buenas sensaciones, moral a tope y máxima ilusión en un equipo que tiene talento, juventud y que está demostrando que, cuando se pone, se pone.
El ángel blaugrana vuela estos días orgulloso y feliz. Aquest any sí! Que si Lamine vuelve a estar en su 'prime', que si Pedri ya está a tope, que si Raphinha ha vuelto a su mejor versión, que si Fermín maravilla con su fútbol directo, que si Lewandowski vuelve a estar en modo 'killer', que si "ja tenim porter", etcétera, etcétera y etcétera.
Pero en la alegría está la prudencia. Y siempre hay un 'tribunero' dispuesto a amargar el día a la parroquia y poner 'seny' (sentido común) a este dulce momento. Ese seguidor, siempre muy útil, que busca contrarrestar la euforia para no generar expectativas triunfalistas que puedan acabar en tragedia.
El demonio blaugrana siempre está ahí y, aunque se mantenga alejado, suele aparecer en los mejores sueños para meter el dedo en la llaga y echarle un poco de agua al vino. Ese, el demonio, dice que el equipo encaja goles con demasiada facilidad. Que en las primeras partes sufre más de lo que debería hacerlo un equipo que opta a todo. Y da alas a los más pesimistas recordándoles los cuatro goles que les hizo el Atlético en 45 minutos y la potencia de los rivales que podrían cruzarse en la Champions de pasar ronda.
El equipo de Flick cabalga y enamora. Pero solo siendo conscientes de sus debilidades y trabajando mucho podrá llegar a construir algo grande esta temporada. Al demonio siempre hay que escucharle.