Cerrar el paréntesis
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La trabajada victoria en San Mamés dio moral al equipo con vistas a los octavos de Champions contra el Newcastle


- Ricard Torquemada
Periodista
Hay partidos durante la temporada que merecen una lectura según el contexto. No son muchos. El de San Mamés parece ser uno de ellos porque la semana no ha sido normal. El intento de remontada en la Copa tuvo una exigencia mental y física tan extraordinaria que era difícil imaginar que no condicionase el partido en Bilbao. Desde las rotaciones a algunos rendimientos individuales irregulares, pasando por el cansancio reconocido, convirtieron el compromiso en un sufrimiento. Por el resultado y por la dificultad que tuvo el Barça para cambiar el ritmo con el fin de tener autoridad.
Debería ser el clásico duelo entre dos asaltos de alto voltaje que concentran la energía. Eso sí, el Athletic de Valverde es un óptimo ensayo de cara a Newcastle por estilo de juego. Presión alta e intensa que necesitará la mejor versión blaugrana en la salida del balón, además de máxima velocidad en los delanteros que obligará a minimizar las pérdidas y los ataques precipitados. El sábado se suspendieron las dos asignaturas, aunque el rival no lo castigó. Desde la fase Liga, el Newcastle ha cambiado algunos rasgos de su juego. Por ejemplo, está en pleno proceso de relevo en la portería, de un errático Pope a Ramsdale, que ha jugado tres de los últimos cuatro encuentros. Howe está intentando reciclar con poco éxito a Woltemade de delantero a media punta, casi interior, para aprovechar su buen pie, a pesar de que no puede disimular su falta de velocidad en una zona de tanto tránsito. La prioridad de esta maniobra es explotar aún más la rapidez y remate de Gordon en punta para acompañar las transiciones de vértigo con Elanga y Barnes en las bandas.
La verticalidad del sueco en la derecha sería un examen defensivo muy exigente para Cancelo. En el precedente de septiembre, Gerard Martin sacó un notable. Otro punto fuerte es su potencial aéreo en el balón parado con Burn, Joelinton o Thiaw. En cambio, el Newcastle sufre defensivamente cuando va arriba en la presión porque no dispone de centrales dominadores en espacios abiertos y nunca podrá resolver la falta de jerarquía en mediocampo que supone la lesión de Bruno Guimaraes. Sea como sea, todo dependerá de cerrar el paréntesis abierto en Bilbao.
Budimir-Muriqi: dos gigantes del gol
A veces cuesta no confundirlos, aunque no se parezcan físicamente. Cuando el Mallorca vio partir a Budimir al Osasuna, tardó dos años en encontrar a Muriqi. Tanto monta, monta tanto. Ambos son delanteros veteranos, zurdos, altos, que suponen una referencia ofensiva, ya sea en el juego directo como en los centros laterales. Su capacidad para ganar duelos aéreos es incomparable. Sin embargo, su valor es el gol. Son profesionales del remate, muy regulares cada temporada. Dominan el área tanto como sufren fuera de ella con el balón. Sus cifras están fuera del alcance de una previsión racional en equipos de clase media. A pesar de que el Mallorca esté en descenso, Muriqi ha anotado 18 de los 31 goles del equipo. A él no se le puede pedir más. Ni a Budimir, que lleva 13 de los 32. Garantía.