Fermín, el asistente invisible
FC BARCELONA
Fue clave en el gol de Lamine Yamal en Bilbao por un movimiento generoso que no siempre tiene recompensa ni reconocimiento


- Javier Gascón
Redactor
Desde que las estadísticas individuales se han adueñado del fútbol, los entrenadores, especialmente los de la base, han detectado la necesidad de hacer hincapié en conceptos solidarios que se ven amenazados al no aparecer en ninguna base de datos. Los que entienden el juego como algo colectivo desde niños no requieren esa clase 'extraescolar' de refuerzo. Lo llevan en su ADN. Son los que persiguen a un rival en la presión o en el repliegue aunque no lleguen porque la presencia de su respiración en la nuca del rival le forzará a tomar una decisión precipitada que ayudará a un compañero a llevarse la gloria del balón robado. Y también los que rompen en ataque en desmarques al espacio de forma constante y poco agradecida normalmente si el esfuerzo no se ha visto acompañado del pase del compañero.
Pero todo suma. Lo saben jugadores como Raphinha y Ferran, muy generosos con esos movimientos que arrastran contrincantes y que favorecen que el balón le llegue a otro en mejores condiciones. Con la velocidad del juego y de su análisis posterior, en ocasiones ni se les nombra por esa ayuda clave. Pero pocas veces una asistencia invisible ha sido tan estética como la Fermín López el sábado en San Mamés en el gol que dio el triunfo al Barça ante el Athletic (0-1).
Cuando Pedri recibió el balón y comenzó una conducción en paralelo al área grande, el onubense ya penetró en el área con decisión y velocidad entre Laporte y Adama Boiro, que fue el que cayó en la trampa al desentenderse un segundo de Lamine Yamal y centrar su atención en Fermín.
Cuando el lateral zurdo del Athletic se dio cuenta de que se trataba de una maniobra de distracción, ya era tarde porque Pedri, más rápido mentalmente ue nadie, ya había entendido lo que estaba pasando y habilitó a Lamine por fin con ese metro sin marcador que necesitaba. Adama, resbalón incluído por las prisas en recuperar su posición, sólo fue ya un espectador de lujo de la rosca mágica de Lamine a la escuadra.

