
El Levante conmemora con una exposición el fichaje de Cruyff
La UD Levante ha querido conmemorar los 45 años del sorprendente fichaje de Johan Cruyff por el club granota. Con dicho motivo, durante el partido de ayer contra el Girona en la zona de palcos VIP’s se inauguró una exposición con documentación inédita (contrato, licencia federativa, actas de los partidos y entradas) del paso del astro holandés por un equipo que dirigía el exmadridista Pachín y que luchaba por el ansiado ascenso a Primera División. El fichaje se cerró en Barcelona a mediados del mes de febrero de 1981, después que se hubieran roto las negociaciones por un posible fichaje por el Espanyol, que desplazó a Amsterdam al vicepresidente deportivo Carlos Carenzi y al gerente Pedro Tomás, para convencer a Johan para vestir de blanquiazul. Un pasó que no dio para no cerrar las puertas a un futuro retorno al Camp Nou, como entrenador.
Esta negativa alimentó las expectativas del equipo valenciano. Una mañana recibo un soplo del siempre bien informado Francesc Aguilar, por aquel entonces redactor de El Periódico, para que fuera al aeropuerto donde estaba a punto de aterrizar Cor Coster, el suegro de Cruyff, que había recuperado su representación tras el fiasco económico provocado por la gestión de Michael Basilevich, un excéntrico personaje que había arruinado a Johan con la compra de una granja porcina en La Foradada (Lleida).
Me lancé a una persecución temeraria por la autovía de Castelldefels del vehiculo en el que se trasladaba Coster en compañía de un abogado holandés. Fue digna de una película de Steve McQueen, sobre todo cuando salté la mediana que separaba los carriles centrales de los laterales, para no perder la pista del auto al que seguía. Hasta que este se detuvo al principio de la avenida de Sarrià frente al restaurante Magí Rosa, el favorito de Coster en Barcelona. Puse a Fernando Borderías al corriente de la situación, para que me diera relevo de la guardia, mientras me escapaba a almorzar algo rápido. De regreso, me encontré con el ‘Borde’ agazapado en la esquina con la grabadora en mano. Sobre las cuatro de la tarde, se reemprendió la persecución por el Eixample de Barcelona, hasta introducirnos en un parking en la Via Laietana, dentro del cual entremos en el mismo ascensor que Coster y el abogado. Ante nuestra pegajosa presencia, el suegro de Cruyff, sonriente, nos dejó ir: “Locos periodistas”. Mientras pulsaba el timbre de un bufete de abogados, donde les esperaba una representación de la directiva del Levante, con el presidente Francisco Aznar a la cabeza. La reunión se alargó cerca de cuatro largas horas de gélida espera. Hasta que a la salida de la misma, el propio Coster confirmó el acuerdo total.
El club valenciano se comprometió a un fijo de 30 millones de las antiguas pesetas, más a percibir la cantidad de 180.000 pesetas de la taquilla de los cinco partidos que debía de jugar el Levante en su estadio y que se encargaba de recoger en una bolsa una persona en nombre de Cruyff. La operación estaba avalada por unas pistas de tenis propiedad de un directivo granota, cuyo slogan publicitario decía: “Pistas Baldomero, famosas en el mundo entero”.
El 1 de marzo fue el día del debut, una semana después que en el fallido golpe de estado del 23-F, el teniente general Milans del Bosch sacase a patrullar los tanques por las calles de Valencia. Rodeado de una gran expectación, el Levante ganó por 1-0 al Palencia, con un gol del exbarcelonista Pousada. Falto de ritmo competitivo y de entendimiento con sus compañeros, que no entendían sus pases con el exterior, el rendimiento de Johan fue mediocre, como en el total de diez partidos que llegó a disputar nuevamente vestido de blaugrana, en los que marcó dos goles. El sueño del ascenso se acabó desvaneciendo y el holandés regresaría a su país, para cerrar su carrera, ganando dos Ligas con el Ajax y una última con el gran rival, el Feyenoord, donde acabó colgando las botas.
PD: Este artículo esta dedicado al maestro Joaquim María Puyal, confeso seguidor de la contra Canutmanía.