Amarillo, el gol que asombró a Cruyff

"Neeskens metió el balón para Charly y éste me pasó estando yo en el vértice del área. Ahí le pegué a la pelota después de acomodar el cuerpo. Entró por el ángulo en el segundo palo. Fue el cuarto gol. Manolo (Clares) marcó cinco tantos en ese partido y pasaron desapercibidos. Tiras una vez y te sale. Después no te sale nunca más”.

Así relataba Alfredo Amarillo para ‘El Observador’ de Uruguay en 2024 el gol de parábola que hizo temblar el cemento del Camp Nou el 28 de noviembre de 1976, un obús que asombró al mismo Cruyff que descabalgó al Valencia del liderato en la jornada 12.

El gol del uruguayo envejece bien en blanco y negro en la memoria del aficionado 49 años después rivalizando con la chilena de Rivaldo, el ‘vuelo’ de Cruyff ante Reina o el gol ‘maradoniano’ de Messi; goles trascendentes, coreográficos o imposibles. Eurovisión lo designó en su día el mejor de las ligas europeas.

Amarillo comenzó de extremo en el Nacional, donde se ganó la fama de poner centros milimétricos a los arietes. Dio balones de gol a Artime y a ‘Palito’ Malemi y en defensa le cerró el paso a Jairzinho. Para entonces ya era una promesa en las inferiores de la ‘celeste’. Antes de los 20 años había ganado para Nacional tres ligas, una Libertadores y la Intercontinental. Su progresión despertó la atención de su compatriota ‘Cacho’ Endériz, jugador del Barça entre otros equipos.

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Alfredo Amarillo, en primer planoOtras Fuentes

El padre de Alfredo le animó a salir del barrio de Buceo en Montevideo para fichar por el Valladolid. Tras vencer sus reparos, estampó su firma para jugar tres años en el club castellano en Segunda División (1973-76) donde le esperaba el ídolo azulgrana Biosca como entrenador.

El clima extremo fue el primer rival de Amarillo. Recién llegado a Valladolid le sorprendió una copiosa nevada. Vivía en un hotel y la nevada continuó al tercer día. Imposible entrenar así, pensó, hasta que recibió una llamada de recepción. Bajó y se encontró con Biosca. “¡Era el entrenador! Un exjugador del Barcelona que puedo decir que fue mi padre, y me pregunta: ¿Usted es Amarillo? ¿Cuándo va a ir a entrenar? Cuando pare esta nieve, le dije. No amigo, aquí salvo que se caiga el mundo se entrena igual”, explicó el periodista deportivo Jorge Señorans en su blog ‘Que lo cuenten como quieran’.

Por aquellos años se inauguraba el trofeo Ciudad de Valladolid. Michels, el técnico del Barça de Cruyff, el del 0-5 en el Bernabéu, se presentó con su esposa en Zorrilla para ver a los jóvenes Cardeñosa y Landáburu. Pero Amarillo estuvo imperial. Al día siguiente el presidente Fernando Alonso llamó al charrúa para anunciarle que el entrenador azulgrana lo quería. El fichaje se hizo por 12 millones más Rusky, Moré, Aloy (técnico) y la cesión de Santos. Amarillo fichó por tres temporadas (1976-1979) siguiendo los pasos de Villaverde, Benítez, Cubillas y Silveira. Jugó 59 partidos, marcó tres goles y gano la Copa ante el Las Palmas en 1978 sin participar en la final. En esa época Cruyff era el número uno mundial. “Me decía: para jugar al fútbol has de hacer la parte más difícil, que es jugar fácil. Al fútbol se juega a un toque, pero él la agarraba y encaraba. Parecía un Ferrari, tenía ocho cambios”, recordaba Amarillo en el blog de Señorans.

Recién llegado a Barcelona, se instaló en el piso superior del restaurante Can Fusté, un local donde se prodigaban los jugadores culés a los que se habilitaba un biombo a modo de reservado. Alfredo visitaba con frecuencia la tumba de Benítez, fallecido en 1968, en el cementerio de Les Corts. Kubala le convocó para un amistoso de ’la roja’ con vistas al Mundial de Argentina-78 pero la FIFA advirtió que había jugado en un preolímpico ante Colombia.

Bajo el mandato de Josep Lluís Núñez 1978 fue un año de cambios. Amarillo y Cruyff separaron sus caminos alejándose del Barça. El uruguayo no era del gusto de Muller y fue cedido al Salamanca y el holandés emprendió una nueva etapa en el ‘soccer’ americano. De regreso al Camp Nou en 1979, el extremo del ‘gol fantástico’ fue traspasado al Espanyol formando parte del ‘pack’ por Canito (40 millones más Amarillo, Bío y Fortes).

Tras jugar en el Neza mexicano, Amarillo acabó su carrera en 1985 en el Danubio. Ya retirado en San Luis con la pensión y la ayuda de la Agrupació de Veterans del Barça trabaja de jardinero, pintor y lo que haga falta.

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