Es curioso cómo el madridista que mejor había calibrado la derrota del Real Madrid en la final de Jeddah, Florentino Pérez, consiguió que nadie en el entorno blanco se atreviera a hablar de fracaso tras la final de la Supercopa de España.
Es curioso también que Florentino no acudiera a la presentación oficial de Álvaro Arbeloa como nuevo entrenador del Real Madrid, horas después de sorprender a todos con la destitución de Xabi Alonso, ni que tampoco viajara a Albacete, donde su equipo iba a jugar el partido de la resurrección y donde, en realidad, firmaría una de las derrotas más duras de la historia del club.
Florentino Pérez sabe más que nadie que la crisis de juego de su primer equipo refleja una pérdida de rumbo. Desde que decidió no acudir a la gala del Balón de Oro en 2024, el Real Madrid carece de una hoja de ruta.
Fue tan sorprendente la bronca de Mbappé a Alonso en Jeddah como la gestualidad de Arbeloa durante todo el partido ante el Albacete, en la eliminatoria de la Copa del Rey. El nuevo entrenador se mantuvo al margen del juego, sin apenas dar instrucciones y con las manos en los bolsillos de su abrigo durante todo el partido.
Su decisión de dejar en Madrid a Mbappé, Bellingham, Courtois, Rodrygo y Tchouaméni se recordará en Valdebebas durante décadas, del mismo modo que en Can Barça se recuerda aquel partido perdido en Anoeta en el que Luis Enrique sentó a Messi, Piqué, Rakitic, Alves y Neymar. Aquella situación, al menos, provocó un impacto en el vestuario y los azulgrana acabarían ganando el triplete.
Es difícil saber qué va a ocurrir en el Real Madrid después de la debacle de Albacete. La ausencia de autocrítica en su entorno y en sus medios afines hace pensar que algo debe pasar y que alguien ha de provocar una sacudida. ¿Pero, quién?
Después de la derrota de Jeddah, comentaristas, analistas y seguidores del equipo de Florentino se centraron en lo bien que había jugado el conjunto de Alonso y en su planteamiento. Repitieron que pudieron haber ganado en los últimos minutos, destacaron el gol de Vinicius, la evolución de Mbappé, el gol de rebote de Raphinha y desarrollaron la idea de que aquel partido perdido era un punto de inflexión. Nadie reconoció la derrota.
Durante 24 horas, la victoria del FC Barcelona en la final de la Supercopa pasó a un segundo plano. Pero el ridículo llegó al conocerse la destitución de Alonso, algo que Florentino ya sabía en Jeddah y que nadie se atrevió ni a pensar. Si se repasara lo que los medios blancos dijeron después de la victoria del FC Barcelona, a más de uno se le caería la cara de vergüenza.
Jeddah ha cobrado este año varias víctimas. Veremos qué ocurre después de Albacete.
Florentino, que no sabe cómo derrotar al Barça, permanece anclado en el caso Negreira y ha descuidado su propio proyecto. Su equipo no juega a nada. Mbappé, a diferencia de Vinicius, se quedó en Madrid en lugar de acompañar al equipo y al nuevo entrenador. Jeddah fue también una pesadilla para el francés, cuyos gestos hacia su entrenador quedaron grabados y mostraron una imagen poco edificante.
La derrota de Albacete evidencia muchos problemas en este Real Madrid 2025-2026, que empezó la temporada convencido de que iba a ganar el Mundial de Clubs. ¿Qué otra cosa podían hacer si no ganar aquella competición y las seis restantes?
Al Real Madrid le quedan la Liga y la Champions, pero la gestualidad de Arbeloa, que se autodefine como seguidor de Mourinho, no parece la más adecuada para reconducir al equipo. Lleva el Real Madrid muchos años -con rentabilidad europea, conviene señalarlo- jugando sin un patrón claro, confiándolo todo a un modelo histórico que en Albacete dio señales de agotamiento.