Errores imperdonables

Errores imperdonables

Periodista

Que ganar en Stamford Bridge iba a ser muy difícil lo sabíamos todos. Pero la mala imagen que dio el Barça ante el Chelsea exige tomar decisiones. Ya no se trata de jugar mejor que el rival para ganar, se trata evitar errores graves e irreversibles que provoquen en el futuro derrotas dolorosas como la de ayer.

Dejar al equipo con diez jugadores durante toda la segunda parte ante un rival como el Chelsea y en su casa resultó una losa imposible de levantar. Y sucedió por una temeridad de Araujo difícil de entender. El capitán debería poder protestar una decisión arbitral, por supuesto. Pero el central uruguayo debe ser consciente que llevar el brazalete no le blinda de ser amonestado. Y, más grave aún, arrollar a Cucurella como lo hizo, a un minuto del descanso y llevando una amarilla, es preocupante. Más allá del arte futbolístico o la destreza de cada jugador, a un capitán se le debe exigir el plus de autocontrol que obliga ser el portador del brazalete. Y no es la primera vez que ocurre, de ahí de la gravedad de la acción.

Por otro lado, también resulta inexplicable el autogol de Koundé. El bravo defensa francés empujó el balón a la red tras una especie de taconazo difícil de entender. Un movimiento raro, impropio de la calidad del francés.  

En definitiva, dos despropósitos que provocaron el naufragio colectivo de un Barça que, además, jugó sin alma ante el Chelsea.    

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