Black Tuesday

La cosa no pudo ir peor ya desde el comienzo. Como aperitivo de una noche horrible, Ferran falló un gol cantado en el minuto 6 haciendo lo más difícil: echar fuera un balón sin oposición alguna en el área pequeña. Siete después, Fermín fue objeto de penalti en una entrada por detrás y a destiempo dentro del área, que el colegiado esloveno Vincic y el VAR obviaron.

Lo peor llegó cuando otra falta al borde del área, esta vez sobre Lamine, fue también ignorada por el colegiado y Araujo, como capitán, protestó la decisión. Sin dudarlo, Vincic, que parecía aleccionado, le sacó la amarilla. En el 26, Koundé marcó en propia puerta y en el 43, Araujo acabó expulsado por una falta sobre Cucurella. El uruguayo añadió a su historial otro error inexplicable, pero fundamental para el curso de un encuentro. Habrá que buscarle un relevo porque llueve sobre mojado.

Este cúmulo de errores se añadió a unas prestaciones extraordinarias del Chelsea que, tanto en técnica como en táctica y en preparación física, fue muy superior, además de gozar de un arbitraje amable. Y no hablemos ya del segundo tiempo, que fue un paseo para los londinenses. La cosa pudo ser peor porque el VAR les anuló hasta cuatro goles por fuera de juego, alguno milimétrico.

Fue un martes negro (Black Tuesday), en los que se demostró que este Barça, que en la competición doméstica aspira a todo, tiene demasiadas carencias para competir y ganar esta Champions. Y lo decimos solamente por lo que se vio en la primera parte. Faltó ambición, actitud y compromiso para superar una incapacidad manifiesta para salir del agobio a que los jugadores azulgrana fueron sometidos

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