La sonrisa de Messi

Faltaban unas semanas para el inicio de la campaña electoral presidencial del FC Barcelona de 2016. Un empleado de seguridad llamó al Departmento de Comunicación para decirme que el expresidente Joan Laporta estaba en la grada de la tribuna del Camp Nou haciendo una entrevista con un periodista. Cuando llegué allí, Laporta ya se había ido.

El expresidente no había pedido permiso para entrar en las instalaciones; algún empleado le permitió la entrada, pero me resultó extraño que no hubiera avisado, por un tema de seguridad y legitimidad. Cualquier presidente del club debería saber o creer que tiene todo el derecho de entrar en las instalaciones del FC Barcelona cuando lo crea conveniente.

Al poco rato de verificar la salida del ex mandatario llamé por teléfono a su persona de confianza, Jordi Finestres, un profesional muy serio y actualmente miembro del gabinete del ahora presidente, para decirle que estábamos a su disposición para cualquier cosa que necesitaran y que la entrada de Laporta, a la hora y el día que fuera, estaba más que garantizada; era de pleno derecho. Punto.

Durante la campaña electoral siguiente todos los candidatos contaron con el total apoyo del Departamento de Comunicación del club. Josep María Bartomeu terminó imponiéndose al propio Laporta, Agustí Benedito y Toni Freixa.

Ya más recientemente, hace sólo unos pocos días, la visita nocturna de Leo Messi al Camp Nou fue una grata sorpresa para todos los barcelonistas. Me resultó extraño que no avisara a nadie, y tampoco me pareció mal que, siendo ya de madrugada y pasando por delante de las instalaciones, decidiera entrar y que le dejaran pasar. La normalidad es el reflejo del sentido común. Pero en el Barça el sentido común suele brillar por su ausencia, porque, además de ser más que un club, es un club complicado.

La visita de Messi originó un revuelo monumental en el seno del barcelonismo. Que no avisara al club se interpretó como una muestra de su enemistad con Laporta. El club cometió un error al afirmar inicialmente que sí les había pedido permiso, para escuchar poco después la versión de los Messi de que no lo había hecho. Laporta tuvo que mover ficha y, en una emisora, dijo que el argentino tendría el mejor homenaje posible, una estatua junto a la de Ladislao Kubala y Johan Cruyff y, también, de que él no se arrepentía de la marcha del número 10.

La visita de Messi ha acelerado las expectativas ante unas elecciones a la presidencia. Y esta misma semana el eterno candidato Víctor Font presentó en sociedad la gran coalición con la que quiere derrotar a Laporta.

En primera fila estaba Xavier Hernández, que en su momento dijo que Laporta era el mejor presidente de la historia del club, pero ocurrió algo más… Al final del vídeo introductorio de la velada apareció en la pantalla un primerísimo plano del rostro de Messi que esbozaba una tímida sonrisa. No era una imagen de él jugando, era su rostro sellando el vídeo. Un destacado miembro del equipo de Font no quiso dar respuesta a la pregunta de si habían contactado con Messi para obtener esa imagen tan nítida y que muchos de los asistentes podían interpretar su sonrisa final como un claro apoyo del astro argentino a la candidatura de Font.

Y así están las cosas: con el primer equipo jugando desde mañana en el Camp Nou, y con los candidatos y la actual directiva con las espadas en alto para dilucidar el futuro del club. Sobre ese futuro, una opinión relevante de una persona importante en la estructura de la futura candidatura de Font: Jaume Guardiola, expresidente de la comisión económica del FC Barcelona y economista de peso: Dijo: “Pese a todas las palancas, la deuda neta [del club] está entre 900 y 1.000 millones, igual que al inicio del mandato”.

Será interesante ver cómo transcurre el proceso electoral. Por un lado, Font centra su discurso en las finanzas, lo más importante ahora, y Laporta en el sentimiento y en la pelota.

Y un comentario sobre la presentación de Font. Fue pobre; el lugar elegido, un viejo, tristísimo y desangelado pabellón de la Fira de Montjuïc; y la puesta en escena, aburrida. Font quizá tenga razón con su planteamiento financiero, pero si quiere alcanzar la presidencia deberá transformar su discurso en un mensaje más ilusionante, revisar sus apoyos más directos y darles una mayor riqueza visual y colorido a sus apariciones. Pero al final, lo que el Barça necesita es sentido común.

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