Dicen que ahora ya sí, que el Barça vuelve al Camp Nou, y eso, pese a que un número considerable de socios tendrán que competir con turistas y no socios para poder conseguir una entrada, es sin duda la mejor noticia que podríamos tener aquellos que sentimos profundamente los colores azulgranas. Más allá de si el equipo funciona peor que el pasado año, más allá de todos los líos que han acompañado, y que acompañan, la construcción del nuevo estadio, más allá de la plaga de lesiones que está complicando esta temporada, volver a casa nos llena el corazón y nos hace mirar el futuro con otros ojos.
No sé si con más optimismo, porque en el fútbol siempre hay que ser realista a pesar del derecho que tenemos a soñar, pero seguro que aliviados porque se supone que un día, esperamos que no muy lejano, podremos volver a sentarnos en esas localidades que tan buenos momentos nos hicieron vivir. Y lo haremos con la esperanza de que las volveremos a vivir, mejoradas y aumentadas.
Seguro que esta semana mucha gente habrá dudado de si el vaso estaba medio lleno o medio vacío... yo no lo sé. Los últimos partidos, ciertamente, no invitan al optimismo, especialmente el desesperante partido de Champions contra el Brujas, pero el equipo debe volver, sí o sí, y debe hacerlo pronto. El partido de hoy ante el Celta es de enorme dificultad, primero porque los de Vigo están jugando bastante bien y no es un equipo fácil, y segundo porque el Barça tiene que afinar aún muchas cosas.
El parón, por partidos de selección, ya está aquí (¿había que volver a convocar a Lamine? ¿de verdad?) y mira por dónde que puede ser útil para recomponer cosas. Mientras tanto ganar en Vigo sería muy balsámico.