El salto del salmón

Antonio Mateu Lahoz, el árbitro que anuló un gol a Leo Messi que hubiera significado el título de Liga en la temporada 2013-2014 para el Barcelona, ha sido ahora valiente al declarar que el penalti señalado al inocente Ronald Araujo en el estadio Sánchez Pizjuán, el pasado fin de semana, fue un “salto de salmón”. En su jerga particular, Mateu Lahoz considera que el movimiento del delantero del Sevilla FC, Isaac Romero (que supuso el 1-0) no era motivo para señalar la pena máxima.

Mateu Lahoz fue aún más lejos y en declaraciones a la Cadena COPE dijo: “No es que no me haya parecido penalti, es que hace mucho tiempo que no veía algo tan grave. Más allá del contacto, que es un poquito del pie de Araujo en el sóleo o tendón de Aquiles de Isaac Romero, él hace un saltito con los dos pies a la vez, que es el que yo siempre he llamado ‘el salto del salmón’”.

Y el tema no terminó con el penalti. A los pocos minutos del 1-0, el árbitro Alejandro Muñiz no señaló una clarísima falta al lentísimo Jules Koundé, que propició un contragolpe del Sevilla que acabó en gol. Dos errores arbitrales, 2-0 en contra. Un resultado muy difícil de levantar, imposible si le sumamos la apatía con la que jugó el equipo de Hansi Flick.

Un dato a destacar: en la sala VAR se encontraba un viejo enemigo del Barça, el madrileño Carlos del Cerro Grande, quien fue el que indujo al árbitro a señalar el penalti. De hecho, en el momento en que se produce el salto del “salmón” del jugador sevillista, el balón ya estaba fuera del terreno de juego. Una cacicada más. Y en lo que llevamos de Liga -solo ocho jornadas-, los arbitrajes no podrían haber sido más decisivos.

Es difícil entender cómo la calamidad del arbitraje español siempre termina teniendo una mayor repercusión negativa para el Barça que para el Real Madrid. Es así. No es una exageración. Como dijo Pep Guardiola: si el Barcelona quiere ganar una Liga, debe llegar al final con muchos puntos de ventaja.

Las redes sociales están llenas de ejemplos. Sería inútil repasarlos todos, pero llama la atención que jugadores como Kylian Mbappé participen en tantos ‘piscinazos’ y ayuden a ensuciar nuestro fútbol, en lugar de ejercer como embajadores del ‘fair play’.

No hay en este país una figura que tenga la capacidad de arreglar este asunto del arbitraje. Alguien con la autoridad moral suficiente para decir: “hasta aquí hemos llegado”, y mostrar el camino hacia una nueva forma de juego que sea limpia, creíble y deportiva.

Por otro lado, está el FC Barcelona y sus propias miserias. Lleva dos años jugando fuera de su estadio. La temporada pasada lo ganó todo pese a estar alojado en Montjuïc. Pero este inicio de campaña ha sido muy accidentado. La presidencia del club no ha estado a la altura, y ni el entrenador ni los jugadores han tenido un arranque sereno ni tranquilo.

El esperpento del nuevo Camp Nou, el Johan Cruyff y Montjuïc y la falta de fechas claras sobre dónde se jugarán los próximos partidos, contrastan con aquella imagen de Laporta tumbado en mitad del campo celebrando lo que creía el final de su pesadilla. Este va a ser un año complicado para el Barça. Entre los árbitros y su directiva, se van a encargar de que así sea

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