Los dirigentes del Barça no acaban de cumplir sus compromisos debido a una gestión improvisada y las ansias por vender ilusión. Iba a ser una sola temporada en el exilio en Montjuïc y hoy se inicia la tercera. Es incomprensible la presión sobre el Ayuntamiento para que no sea riguroso en el cumplimiento de la normativa de seguridad del nuevo Camp Nou. Fue innecesario que Elena Fort asegurara que “es el estadio más seguro del mundo” cuando al cabo de seis horas el jefe de bomberos, Sebastià Massagué, anunciaba que “hemos detectado deficiencias que repercuten en la seguridad y en las vías de acceso”. Tampoco tuvo sentido que Laporta dijera que “el Camp Nou está para jugar. Lo han dicho la Liga y la UEFA” cuando no les corresponde ni tienen competencias técnicas. Al contrario, la Liga obligó a jugar en el Johan Cruyff, primero, y ahora en Montjuïc; y la UEFA fijó de antemano el Barça-PSG en el Olímpic. Hay demasiada prisa porque se están incumpliendo los compromisos con los inversores, con los patrocinadores y con los compradores de los palcos VIP. Los incumplimientos no son solo en las obras. Incumplieron la promesa con Messi, incumplen sus propios presupuestos, que proyectan beneficios pero luego son pérdidas. Tampoco cumplen con sus planes estratégicos presentados a LaLiga y luego los directivos acaban avalando de su bolsillo. El incumplimiento de la normativa del ‘fair play’ supuso una multa de la UEFA de 60 millones. Tampoco con el nuevo Palau. Cubells anunció: “pondremos la primera piedra en febrero de 2025 y estará terminado en 2027”. Estamos a octubre y aún no hay ni proyecto, ni presupuesto.