La Gala del Balón de Oro fue un festival blaugrana. El máximo galardón masculino se lo llevó Dembélé. Estaba dentro de lo esperado. No hubo sorpresa. Sí, en cambio, en el femenino. Aitana se alzó con su tercer trofeo consecutivo superando a Mariona, que había ganado con el Arsenal la Champions. Es posible que mucha gente esperara más el triunfo de Lamine que de Aitana, pero la crack blaugrana es la mejor jugadora del mundo, con títulos gordos o sin ellos.
La noche había empezado muy bien. El futuro era del Barça. Lamine se volvía a llevar el premio Kopa al mejor joven y Vicky López dejaba claro que La Masia también era una de las grandes triunfadoras de una Gala más directa y sobria que en otras ocasiones. La marca Barça salió muy reforzada de París. No solo porque además Ewa Pajor fuera elegida la mejor goleadora del mundo, sino porque Luis Enrique, el último entrenador del Barça que ganó una Champions, fue proclamado el mejor técnico mundial con absoluta justicia. La mayoría de los premiados/as había jugado en el Barça o lo estaba haciendo. Fue un festival blaugrana en un negocio en el que el marketing se lleva una parte potente. El FC Barcelona salió del Théatre du Châtelet de París como uno de los mejores clubs del mundo. El PSG tuvo, evidentemente, su recompensa a una temporada extraordinaria, pero el peso del Barça fue espectacular.
Lamine deberá esperar. Y no es malo. Hubiera sido mejor tenerlo ya, sin duda, pero queda el acicate de no tardar más y una temporada abierta para ganarlo todo. Los periodistas que France Football elige en todo el mundo escogieron a un francés, pero que tenía méritos también sobrados para hacerse con el galardón. Dembélé fue el triunfo en la Champions, el líder en el campo del PSG de Luis Enrique y Lamine desplegó, sobre todo, magia. La elección fue más científica y territorial en una Gala, eso sí, prácticamente tomada por los radicales del PSG. Robert Fernández fichó a Dembélé para el Barça por delante de Mbappé y lleva años escuchando críticas. Tal vez ha llegado el momento de callar bocas.