La semana pasada pedía un líder y ha aparecido. Flick ha tomado el mando de la situación para decirle a sus jugadores que él no quiere egos, ni individualidades sino a un equipo. Al final, contradictoriamente, la baja de Lamine le ha venido bien al Barça para armarse como equipo. Flick se ha hecho fuerte en sus valores y convicciones, dejando egos e indisciplinas aparte. Si uno llega tarde, sale otro y aquí no valen nombres ni estrellas, aunque las haya. El partido ante el Valencia fue un destilado de juego colectivo en el que Casadó demostró que con él la bola circula muy bien. Sé que está De Jong, pero en mi opinión conduce demasiado la pelota.
En Champions, reapareció una estrella llamada Rashford. Flick es bueno en recuperar a jugadores que parecían en su ocaso, como vimos con Raphinha el año pasado. No sé por qué lo de Rashford, por su eclosión y potencia (¡vaya segundo gol!), me recordó al ‘revival’ de Travolta en Pulp Fiction. Vamos a ver cómo evoluciona, aunque lo importante es lo que hizo Flick en St. James’ Park. Dar la oportunidad a todos para que se sientan piezas importantes de un equipo. Desde Araujo hasta Gerard Martín. El que nunca falla y algún día debería ganar un Balón de Oro por su calidad y discreción es Pedri, un diamante que borda el fútbol en todo lo que hace, incluso cuando le marcan. Es único.
Y no querría acabar sin destacar a Joan Garcia. Lo tiene todo. Es bueno recordar que un buen equipo se sostiene desde un gran arquero y desde un líder que guíe a los suyos. Tenemos un líder, un portero y parece que el equipo ha vuelto.