No ego

Dentro del pensamiento budista y del crecimiento personal, el “no ego” es uno de los principios fundamentales. En la última rueda de prensa, Flick hizo referencia a este lema, dejando entrever que empiezan a suceder cosas dentro y fuera del campo que le disgustan. Vivimos tiempos de narcisismo compulsivo y de endiosamientos prematuros, en ocasiones hasta fugaces. 

No, no voy a criticar a Lamine que me parece un jugador excelente, sino a ese entorno, ya sea personal, relacional o de comunicación que forja un ídolo instantáneo. Coronarse sin tener coronas no es nada bueno y empezar a dar la bola al chaval, a ver si resuelve el partido es un mal síntoma.

En Vallecas se vieron cosas muy preocupantes, más allá Joan Garcia (tenemos portero para años). La defensa no funciona porque no hay un mando, el medio campo se vulgariza más allá de Pedri y a la delantera le falta fuelle. El año pasado el Barça estaba gobernado por un jugador anti-ego llamado Íñigo Martínez. Al dejarlo marchar, el empaste carismático de quien hacía grupo, se ha deshecho y los que quedan, no dan. El pobre Cubarsí se ha quedado sin su socio y encima le ponen por la izquierda. Nadie lidera, aunque Pedri ponga su brújula. 

Los personalismos y las camarillas empiezan a asomar. Es pronto, pero si no se corrige esta tendencia, todo lo aprendido el año pasado será en balde. Hay que volver a la idea de equipo y cultivar el desapego. Recuerden el legado de los Messi e Iniesta y en cuanto a los dirigentes, es casi imposible que carezcan de ego. Sólo Flick puede presumir de lo que pide.

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