Dani Olmo se fue del Barça cuando era adolescente. Quería probarse que era un futbolista capaz de triunfar fuera del manto a veces protector y a veces tóxico del fútbol base azulgrana. El futbolista de Terrassa logró lo que pocos han logrado: volver como un hijo pródigo tras demostrar lejos de la Masia que su calidad era tan ‘top’ como para ser titular en el primer equipo del Barça. Antes muy pocos lo habían conseguido. Piqué y Cesc, como mucho. Pero en el caso de Olmo, ese retorno a Can Barça tras triunfar en Croacia y en Alemania tiene un mérito especial por un motivo: regresó aún sabiendo de las dificultades del club culé para inscribirle por sus problemas de ‘fair play’ salarial. Pero por encima de esa complicada coyuntura, Dani Olmo tenía un sueño: triunfar en el Barça. Y lo está logrando pese a la presión con la que debió lidiar cuando fue inscrito el pasado verano sobre la bocina por una lesión de Christensen y el pasado invierno por el recurso del Barça al CSD.
En un primer año en que la adaptación siempre cuesta, Dani tuvo que convivir con los líos citados y con una serie de lesiones que lastraron su trayectoria, pero aún así demostró su clase. Su técnica en el pase, en el disparo, para eliminar rivales y pausar o acelerar el juego en los metros finales quedaron patentes a ojos de la afición. Pero sobre todo lo que se vio es que, alentado por Deco, se la jugó por el Barça cuando corría el riesgo de quedarse tirado. Eso no se debe olvidar y más en una época en que el egoísmo pasa muchas veces por encima del sentimiento de pertenencia a un club.