Periodista

Conflicto de intereses en el patrocinio de UEFA, PSG e Inter

Tan increíble como cierto: la UEFA comparte un patrocinador, la compañía aérea Qatar Airways, con Inter de Milán y París SG, los dos clubs clasificados para disputar la próxima final de la Champions. Esta supuesta coincidencia provoca un sospechoso conflicto de intereses en común entre las tres partes implicadas. De hecho, el organismo europeo futbolístico ha firmado un nuevo acuerdo hasta 2030, que excede en tres años la finalización del actual ciclo comercial con el resto de sponsors. En este renovado contrato con Qatar Airways, del que se desconoce por confidencialidad, los términos económicos, además de la Champions, los qataríes también dan apoyo a la Supercopa de Europa, la Youth League y la Champions de Futbol Sala.

Por su parte, con el PSG, propiedad del holding deportivo qatarí QSI (Qatar Sport Internacional) en plena competición, se anunció la ampliación del convenio iniciado en el 2022, que ha sido prorrogado hasta el 2030. A cambio de 60 millones anuales, el logo de QA aparece en el frontal de la camiseta y la ropa de entrenamiento del conjunto que dirige Luis Enrique. Mientras que, por su parte, el Inter se subió al carro de anunciante de la compañía de aviación comercial con la renovación por cinco millones de euros anuales, por lucir su publicidad en el frontal en la camiseta de calentamiento de los partidos y todo el equipamiento del equipo femenino y todas las escuadras del fútbol de formación. El club ‘nerazzurro’ tiene vendida la publicidad de su camiseta a la casa de apuestas Betsson, a cambio de 30 millones de euros anuales.

Sorprende que la UEFA, tan escrupulosa en otro tipo de cuestiones, como pudiera ser la condena con cualquier injerencia política, como significó para él Barça duras sanciones por la presencia repetida en sus partidos de símbolos independentistas, permita una situación como esta, que pone en duda su independencia, con un trato de favor como el que tuvo el equipo transalpino con el discutido arbitraje del polaco Szymon Marciniak, cuyas decisiones perjudicaron claramente al equipo blaugrana. De la misma manera que llamó la atención la presencia del presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, en los palcos de San Siro y el Parque de los Príncipes en los dos partidos de vuelta de las semifinales de la Champions y en cambio delegase en la persona del secretario general el griego Theodore Theodoridis la representación en el estadio Lluís Companys.

Con todo ello, cabría preguntarse si no sería más acertado que la próxima final de la Champions en vez de jugarse en el Allianz Arena de Múnich cambiase por el estadio Lusail de Doha. Así todo quedaría en casa y el recién reelegido presidente Ceferin pudiera continuar dirigiendo la UEFA sin oposición alguna.

Cargando siguiente contenido...