Director de la Fundació Brafa

La fuerza del equipo

Una de las claves del éxito de Hansi Flick ha sido la de forjar un equipo, ilusionando a los jugadores con la idea de luchar juntos por algo superior a cada uno de ellos. El entrenador tenía clara la máxima de que el equipo es superior al talento y que las competiciones las ganan los equipos unidos, no los talentos solitarios.

En una de sus biografías, cuenta Michael Jordan el consejo que le dio su entrenador Phil Jackson: ¡haz mejores a tus compañeros! Este cambio de mentalidad le hizo mejorar como jugador y marcó el inicio de una época victoriosa para los Chicago Bulls.

En su libro ‘The golden standard’, Mike Krzyzewski cuenta su experiencia como entrenador de la selección americana de baloncesto. Cuando ocupó el cargo en 2004, el equipo venía de fracasar en las dos olimpiadas anteriores. El entrenador se propuso construir un equipo e hizo suya la premisa de que a la selección no van los mejores, sino los más convenientes.

El seleccionador sabía muy bien que sus jugadores eran estrellas, con un ego muy grande. Debía conseguir que el ego del equipo fuera superior al de los jugadores. En los cuatro años de preparación, fue construyendo el equipo con múltiples iniciativas, como la de traer a un entrenamiento a tres soldados heridos en Irak. Quería mostrarles la realidad de servir y luchar por algo superior a uno mismo. Con esta experiencia interiorizaron el concepto de servicio desinteresado, que antepone las necesidades de los demás a las de uno mismo. Ser parte de una causa más grande que uno mismo, es lo que hace grandes equipos y líderes.

Otro paso importante fue establecer los principios del equipo, que definirían el ADN de la selección. Todos los jugadores y técnicos se implicaron en esta labor. Estos fueron algunos de los principios: nunca habrá una excusa, tendremos total confianza entre los jugadores para decirnos siempre la verdad y creer el uno en el otro, responsabilidad colectiva, nos cuidamos y ayudamos siempre, respetamos al rival y al árbitro, inteligencia: jugamos con cabeza y preparamos los partidos al detalle, no mostramos ninguna debilidad, flexibilidad para manejar cualquier situación y no quejarnos nunca, ningún egoísmo, entrenamos y jugamos siempre al máximo, nos divertimos, sabemos competir, tenemos el orgullo de representar a un país.

Además de vivir estos principios, también se propusieron tener un comportamiento ejemplar y humilde fuera de la pista. Conscientes de que representaban a un país. Y la consecuencia de todo esto es que ganaron el oro en las Olimpiadas de Pekín 2008.

En los Juegos Olímpicos, el entrenador de los deportes colectivos no recibe ninguna medalla. Cuando los jugadores bajaron del podio todos fueron a ponerle su medalla al entrenador. Habían entendido que, como dice Kipling en ‘El libro de la selva’: la fuerza del lobo es la manada, la fuerza de la manada es el lobo.

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