Pasillos

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Periodista

Carlo de Gaudio, histórico dirigente del ‘calcio’ italiano, tenía clara una cosa respecto a las competiciones europeas de clubs y selecciones: “Los partidos se pueden perder en el campo, pero también ganarlos en los pasillos y despachos”. El sabio consejo del prestigioso abogado napolitano sigue vigente en la actual Champions League, en la que tantos intereses futbolísticos o no se entrecruzan en esta UEFA dictatorial que preside el esloveno Alexander Ceferin.

El Barça sucumbió en Milán ante el Inter por varios factores futbolísticos, como sus errores defensivos y la falta de experiencia en ‘matar partidos’ en los jóvenes componentes del equipo que dirige excelentemente Hansi Flick. Pero cualquier observador independiente que entienda algo de fútbol, de arbitraje, de política de despachos, estará de acuerdo en que, como dice el presidente Joan Laporta, el equipo azulgrana cayó eliminado también gracias al diabólico arbitraje del polaco Szymon Marciniak y, sobre todo, al intervencionismo del VAR, encabezado por el holandés Dennis Hingler.

Dados los malos precedentes del equipo arbitral, al Barça le faltó intervenir de forma preventiva cerca de la UEFA cuando se conoció la designación o hasta preocuparse antes por quiénes podrían ser los elegidos. Queda claro que no le iban a cambiar ni al árbitro ni al VAR, pero el club azulgrana debió presionar en busca de una actuación arbitral más equitativa entre ambos equipos. Sirve de poco quejarse ante la UEFA a toro pasado. Más bien al contrario. ¿Ha hablado alguien del Barça con Roberto Rosetti, el director de arbitraje de la UEFA? 

El presidente Joan Laporta protagonizó hace tiempo una maniobra política muy inteligente. Viajó a Ljubliana (capital eslovena) para entrevistarse personalmente con Alexander Ceferin, el presidente de la UEFA. Quería buscar una proximidad necesaria con el estamento europeo tras la cruenta guerra de la fracasada instauración de la Super Liga Europea de la que la entidad azulgrana fue líder junto al Real Madrid. Allí se firmó un armisticio importantísimo para el FC Barcelona y su futuro en Europa.

Pero, luego, la cosa se ha ido enfriando. En el club azulgrana no existe actualmente una comunicación fluida con la UEFA, no hay un puente firme con Nyon ni con los diversos comités del organismo futbolístico continental. La presencia de miembros de la entidad barcelonista en las diversas comisiones brilla por su ausencia.

Baste un ejemplo reiterativo: los representantes del Barça viajan a Nyon para asistir a los sorteos de clubs en el mismo día en que se celebran y regresan lo antes posible a Barcelona. La vieja práctica de ‘hacer pasillos’, de establecer relación directa con los más diversos integrantes de la organización futbolera parece no interesar. Todo ello ha pasado a la historia, según se puede comprobar sin mayores contratiempos. Durante años se trabajó en ello, aunque parece que se ha tirado por la borda sin más. Tampoco se aprovecha como antaño la presencia de los diversos delegados ‘uefos’ que acuden a los partidos del Barça en Montjuïc.

El Barça sigue teniendo la asignatura pendiente de normalizar las relaciones con UEFA y FIFA, que se quiera o no, son los organismos que rigen el futbol europeo y mundial. La importancia del FC Barcelona obliga a unos y a otros a respetar más al club azulgrana. Pero para ello también se debe trabajar al respecto con un trabajo serio y concienzudo.

El Barça dispone de un joven equipo de categoría, que con los retoques necesarios, aspirará a ser protagonista de nuevo en la próxima Champions League. Pero sería bueno que no olviden el consejo de Carlo de Gaudio: “Los partidos se pueden ganar en los despachos y pasillos”. O lo que es más importante, no perderlos. Le pueden preguntar al presidente del PSG, al qatarí Nasser Al-Khelaifi. Lleva años en ello.

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