Es la 1.05 de la madrugada. Ya es domingo 26 de mayo. El sábado 25 hace una hora que quedó atrás y hace escasos segundos había apagado la lámpara de la habitación del hotel para irme a dormir, diecisiete horas después de haber salido esta mañana de esta misma habitación para cubrir la final de la Champions League femenina. Porque las finales tienen eso. Son tan especiales e inolvidables, ganes o pierdas siempre marcan, como sacrificadas y cansadas hasta la extenuación. Son diecisiete horas sin apenas tomar un respiro, una contrarreloj, comiendo a la carrera entre un punto y otro de una ciudad, Bilbao, rodeada de miles de personas que vienen a vivir una fiesta. De nuestro hotel, al del Barça, que llegaba el presidente y había que ser testigo directo. Del hotel azulgrana, al centro de Bilbao, y más tarde a la 'fan zone', lugar de concentración de los aficionados del Barça. Y corre para San Mamés que empieza a haber movimiento por los aledaños aunque queden todavía unas horas para el partido. Pincho de tortilla a orillas del increíble estadio de los leones y al hotel. Pit stop más rápido que los mecánicos de la Fórmula 1 para recoger la mochila con todo lo necesario para el partido. Y de nuevo al estadio. Vídeos, entrevistas, todo de una punta a otra del inmenso coliseo bilbaíno. Y corriendo a la puerta del parking que llega el autocar del Barça. Le esperan miles de aficionados y hay que inmortalizar la entrada de las jugadoras. Porque cuando asoma una Champions histórica no hay momento que dejar escapar. Y sin enterarte, cuando parece que lleves varios días en danza te das cuenta de que lo más importante todavía no ha empezado. El partido. Y al entrar por los pasillos y ver los ríos de aficionados azulgrana llega la primera erizada de piel. Lo quieres captar todo, casa gesto, cada esquina, cada movimiento. Todo te parece importante, todo parece único. Las pulsaciones van subiendo cada vez más. El gusanillo en el estómago de aquellas primeras veces permanece vivo. Es una final. La final.
Volviendo al comienzo de estas líneas, he encendido la luz de la lámpara de nuevo y he sacado el ordenador porque mi último pensamiento antes de iniciar unas respiraciones que templasen la adrenalina ha sido 'no, no puedes dormirte sin inmortalizar los sentimientos que te rodean. Mañana, cuando te despiertes, ya nada será lo mismo. Seguirá siendo especial, el recuerdo permanecerá imborrable para los restos, pero esto va de piel, de sentimientos, y esto o lo plasmas al momento o se desvanece'. Y ahora mismo, parafraseando a las cracks del Barça, creo que todavía no soy consciente de lo que acabo de vivir. Ahora escucho un silencio absoluto en la soledad de mi habitación. Sólo suenan las teclas del portátil, pero hace apenas unas horas habría reventado cualquier sonómetro en el instante en el que Alexia Putellas marcaba el gol que certificaba la tercera Champions del FC Barcelona. En el instante que el balón cruzó la red me cayó la primera lágrima. La última no lo hizo casi hasta después de la entrega del trofeo de campeonas. Es muy difícil trabajar, escribir, con los sentimientos a flor de piel, pero también creo que el resultado es el mejor de todos, porque lo que plasmas te sale de lo mas profundo y, por tanto, estás contribuyendo a que el lector pueda trasladarse de la manera más fidedigna posible a tu escenario. Los mejores textos salen siempre del corazón. Como este. No podía permitirme el lujo de que ni siquiera uno de los pensamientos que me rodean se fuera al limbo tras el dulce sueño de la victoria. Porque hoy hemos ganado todos. Mañana será otro día y el 25 de mayo quedará para siempre en nuestra memoria, no sólo porque el Barça ganó la Champions sino porque muchos fuimos felices. Algunos trabajando, y a la vez disfrutando -qué bonito y privilegiado es disfrutar de tu trabajo- y otros animando desde la grada, o desde el banquillo, o desde el mismísimo césped. La felicidad era eso. Y en los tiempos que corren, un día de felicidad como este es un valor más que preciado. Y no me queda otra que cerrar este día inolvidable con la palabra más bonita que existe, con permiso del insuperable 'te quiero', GRACIAS. A todos, a todas. GRACIAS.