Me impresionó conocer a Lewandowski. Tiene mirada de listo, controla la situación mejor que el balón y da la mano con seguridad, para hacer sentir importante a la persona que acaba de conocer. Habiendo sido un número 1 en el fútbol mundial, no va de agrandado. Lleva, eso sí, la elegancia por bandera. Huele a ganador y viste el mejor traje de la Gran Gala de MD. Uno tendría la tentación de pedirle la tarjeta de su sastre, pero el resultado no sería el mismo porque la percha es bien distinta. Nadie diría, viéndole tan ceñido y planchado, que es el mismo fajador que saca los codos para zafarse de los acosos de los Damián de turno, que demasiados hay en la Liga española. Robert Lewandowski llegó al Barça como un regalo y, con sus 33 goles fue fundamental para ganar la primera Liga de Xavi y alejar el síndrome de estrés post-traumático de tener que jugar sin Messi. Hasta el Mundial de Qatar, el rendimiento del ex del Bayern fue óptimo, el deseado por todos los barcelonistas. Después, el polaco ha bajado en eficacia hasta el punto que, de no ser por los penaltis transformados, Ferran Torres ya le habría superado como máximo goleador de la temporada. Pero, con más o menos tino en el remate final, Lewandowski siempre va a llevar goles en el bolsillo. Y, todavía mejor, jamás va a abandonar su ADN ganador. En su palmarés figuran nueve ligas seguidas (8 en el Bayern y una con el Barça) y quiere la décima. Su fortaleza mental contagia positivismo. Y sabe que haciendo las cosas como en el campo del Betis, si las lesiones respetan a los jugadores fundamentales y el VAR se convierte en imparcial, en la segunda vuelta el Barça tendrá opciones de asaltar el liderato. Ante el entregado público del Palau de Congressos, Lewandowski dijo, bien a las claras, que quiere la Copa del Rey porque es un título que le falta con el Barça. Sabe que no será fácil, porque a partido único, en San Mamés y contra un Athletic muy en forma, la batalla de esta noche será muy aguerrida. Pero también sabe que tras dos partidos sin marcar (Unionistas y Betis), él acostumbra a mojar en el siguiente encuentro. Y la cita es hoy, en un estadio donde el Barça ya cayó las dos últimas veces en esta Copa de todo o nada. Parecía el título más asequible de la temporada para el Barça de Xavi y, de nuevo, el bombo jorobó las ilusiones. Pero el equipo tiene ganas de título, Lewandowski cree en él y en el equipo, y si el polaco está enchufado en la Catedral, la proeza es posible. En competiciones españolas, el equipo de Xavi no ha perdido ninguno de los doce encuentros disputados lejos de Montjuïc. Hoy no tiene por qué ser el primero. Hasta la medianoche, pues, máxima confianza. Si el Presidente, el entrenador y el goleador son optimistas, ¿por qué vamos a tirar agua al vino antes de beberlo?
ME HA GUSTADO
Los goles de Joao Félix han valido 12 puntos
Jorge Mendes ratificó ayer que el Barça querrá tener a Joao Félix en propiedad. El aficionado y la crítica culé tienen sentimientos contradictorios con el jugador. Es de una frialdad que puede desesperar en no pocas ocasiones pero es capaz de meter goles como el de la victoria ante el Betis, con el exterior del pie, que son un regalo de una belleza enorme. Tiene mucho talento pero falta continuidad. Y más eficacia en el desborde y más velocidad en las acciones. Pero ha aportado y ha sumado. Con 7 tantos, ya sabemos que llegará a su promedio goleador, desde que abandonó Portugal, que es de 10 goles por temporada. Lo mejor de Joao Félix, y no suficientemente valorado, es en qué momento marca los goles. Cuando el Barça lo necesita para romper el empate. Hasta el punto que 6 de sus 7 goles han servido por poner el Barça por delante en el marcador. Pasar del empate a la victoria gracias a un gol del portugués, pasó en Montjuïc ante el Betis, el Amberes, el Porto y Atlético de Madrid. Fuera, pasó en Mestalla y en el Villamarín. O, lo que es lo mismo, solo un gol (el quinto ante el Amberes) fue absolutamente estéril. Si sigue con esta cifra, sea como titular o como suplente, se habrá ganado un puesto en la plantilla 24-25.
NO ME HA GUSTADO
La mitad de las amarillas son por protestar
En el minuto 57, y frustrado por el gol del Betis, Frenkie de Jong vio una tarjeta por protestar. Gil Manzano le mostró la amarilla ante los aspavientos del neerlandés que le insistía en la falta sobre Pedri en el inicio de la jugada del gol del Betis. Se entiende la reacción en caliente de un jugador que vive el partido muy intensamente, pero quedaba más de media hora de encuentro y él pasaba a estar en zona muy delicada. Cualquier falta suya, podía significar la segunda y –conociendo el currículum de Gil Manzano– expulsar a De Jong hubiera sido poner otra muesca en su revolver. De De Jong, más allá de ser quizá el único líder natural en el campo que tiene Xavi, sorprenden dos cosas. Una, que sea el jugador del Barça con más tarjetas en la Liga (un total ya de 6), habiendo perdido 7 partidos por lesión. Y dos, que la mitad de las amarillas que ha visto, hayan sido por protestarle una decisión al colegiado. No sirve de nada y, además, acumular amarillas acarrea partidos de suspensión. La realidad es que, o esta temporada el Barça está más protestón de la cuenta (ya ha visto un total de 11 amarillas por protestar) o los árbitros están menos dialogantes que en otros años. O ambas cosas.