A Oriol Romeu le costará archivar y más aún olvidar el partido intrascendente de Amberes. Con el Barça ya clasificado para los octavos de la Champions League, el canterano se vio engullido por una de las peores pesadillas de su carrera. Regresaba a la titularidad en lo que parecía un trámite ante, sobre el papel, el peor equipo del torneo para recuperar la confianza perdida pero dos errores, uno madrugador en la primera parte y otro del mismo perfil avanzada la segunda, aprisionaron a un equipo desfigurado al que le pesó la derrota parcial. El canterano tuvo un mal día en el peor momento deportivo después de caer ante el Girona, con dudas embadurnando al propio técnico y en un contexto tensionado y difícil de explicar. Él no ha cambiado.
El Barça vive en un estado de nervios permanente por cualquier menudencia. El lío del replanteamiento de la convocatoria encendió el ambiente. Xavi pasó de dar descanso a Lewandowski a incluirle a toda prisa en la convocatoria, como a Gündogan y a Araujo, y, a la vez, en el once titular. Con el primer puesto asegurado, la dirección del club reclamaba los millones de los tres puntos y para ello necesitaba gol. Pero todo se fue al traste a las primeras de cambio.
Justo cuando regresaba al once titular después de tres encuentros seguidos de ausencia (Porto Atlético y Girona), dos únicas veces de partida (Real Sociedad y Alavés) en los últimos ocho, el infortunio se cebó con el centrocampista de Ulldecona, siempre bajo una lupa perpetua por ser el primer relevo de Sergio Busquets en una posición tan clave como el mediocentro.
No se habían disputado ni dos minutos cuando al intentar dar salida al balón después de un pase centrado de Iñaki Peña, Vermeeren le atosigó anticipándose y marcando. El segundo, muy similar cuando trataba de salir de la defensa con el balón controlado, Yusuf se lo arrebató y se lo cedió a Jenssen para que anotase un doloroso 2-1. Xavi le cambió por Gündogan inmediatamente después. El doble fallo debió dejar muy tocado al canterano y de ahí que el técnico optase por no exponerle más y tratar de remendar la situación. Oriol Romeu tenía las manos sobre la cabeza sin dar crédito a lo que había sucedido. Sí, un mal día en el peor momento
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