Lamine ha hecho olvidar a Dembélé, Fermín, mezcla de Marcial y Neeskens por las michetas bajadas, ha puesto al Barça casi en octavos de la Champions y un gol de Marc Guiu a los 23 segundos de debutar ante el Athletic ha permitido a los blaugrana pelear por el liderato en un Clásico al que llega muy justo. La Masia ha soportado la plaga de ilustres lesionados. Pero el lunes puede ser un gran día: Aitana puede recibir su primer Balón de Oro, apuntalando el reinado de las futbolistas del Barça tras los dos galardones de Alexia y Messi tiene a su alcance su octava distinción. No todo son nubarrones en el cielo culé.
Con este panorama lo que menos le interesa al Barça es incendiar el Clásico. De nuevo Xavi tiene razón. El entrenador no solamente está siendo valiente e inteligente en la gestión de su exhausto vestuario (ha cumplido los objetivos sin cinco titulares), sino que ha debido salir a dar la cara por la entidad a causa del desafortunado tuit del directivo y portavoz Mikel Camps contra Vinicius, además de pedir que se rebaje la carga de tensión del partido.
El autor del tuit a Vinicius (por ‘bailar’ de forma exagerada frente a un defensor del Braga) debería saber que representa a una institución acosada que lucha para deshacerse de acusaciones maliciosas sin pruebas para volver a ser respetada. Y eso no será fácil por muchas cenas de los presidentes a 60 euros el menú en el Majestic. Es una insensatez cargar gratuitamente el ambiente de Montjuïc y, de paso, dar munición al club merengue y a sus estridentes voceros, que han sabido perfectamente cómo administrarla.
El incidente fue un tiro al pie que permitió anunciar en Madrid el apocalipsis blaugrana con todo lujo de barbaridades, un club agotado y sin disciplina. En Concha Espina se hicieron los ofendidos filtrando que Florentino, que tiene una especial adoración por Vini, había decidido como represalia no acudir al palco del estadio Lluís Companys. Todo un paripé, una comedia para convertir un episodio lamentable en una afrenta de gigantescas dimensiones. Rafa Yuste, demasiado tarde, garantizaba al polémico extremo brasileño que no volvería a suceder. Balde y Ferran Torres evitaron con sensatez cualquier referencia negativa al juego del exhibicionista extremo. El posicionamiento de ambos jugadores indica que al vestuario no desea enturbiar el ambiente y evitar un partido crispado.
A Laporta y a Florentino les une la Superliga, de la que esperan buenas noticias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea el 21 de diciembre. Sin embargo, mantienen una relación sinuosa desde que el Madrid se sumó a la denuncia por el ‘caso Negreira’ porque, según su relato, se sienten perjudicados. Florentino se ha hecho el ofendido pero no es novedad que falte al palco. El Barça, por su parte, no puede permitirse que se multipliquen los gestos contra su integridad deportiva como los que protagonizó la directiva del Sevilla.
Cena para cinco. El tiempo dirá si la cena de los presidentes culminará en una catarsis de buena voluntad o fue una escenificación para complacer al socio. Es cierto que Rosell y Laporta hicieron un aparte sin testigos, de forma privada. Se ha deslizado que tuvieron una buena sintonía para limar sus históricas diferencias. Un detalle: la reunión de presidentes fue solicitada por Bartomeu y Rosell y se hizo realidad después de que Laporta fuera imputado por cohecho por el juez.
Restaurar la relación de los presidentes, aunque sea sobreactuada, ha sido el primer paso para que los socios visibilicen un frente común. No hay una estrategia a seguir, el plan se limita a creer que el magistrado cerrará el caso por falta de pruebas. Y a volar. No hemos cometido ninguna ilegalidad, es el estribillo diario. Parece que no, pero la ética que predica el Barça hay que demostrarla; pagar 7,5 millones a un vicepresidente de los árbitros en activo suena caro para ser una acción preventiva.
Entre medias, Laporta ha enseñado sus cajas vacías, a Rosell le ha parecido barato pagar 4.000 euros por evitar un penalti y Gaspart no se acuerda de los 1.400 contratos que se firman ni de quién lo empezó todo. Al final del ágape los comensales se dieron la mano en redondel para ‘decir basta’ como se hace en el básquet, según explicó Reyna en RAC1. Muy efectista y conmovedor, ciertamente.
El Barça no terminó bien ante el Shakhtar pero cumplió con el objetivo. Tampoco fue deslumbrante el partido ante el Athletic, muy físico, de lo que se deduce que el equipo está al límite. Este Clásico no le coge al Barça en su mejor momento. Ante un Madrid poderoso físicamente en el centro del campo se espera alguna novedad para contener a los pretorianos de Ancelotti, Valverde, Kroos, Camavinga y Bellingham.
Este Clásico no es definitivo pero es un partido de compromiso que apela a todos, los sanos y los lesionados. Nadie puede fallar. Xavi quiere que Raphinha, De Jong, Lewandowski, Koundé y Pedri intimiden en el campo, esperando su turno en el banquillo o para mantener la incertidumbre hasta el final. Todos acudieron a la llamada urgente del técnico en el campo de entrenamiento como carta psicológica. Las dudas radican en el marcador de Vinicius, o Araujo o Cancelo, al que se le fichó para los grandes duelos y en Fermín, que se ha ganado la titularidad. Real Madrid TV no ha ofrecido esta vez a sus telespectadores su asiduo vídeo preventivo sobre Gil Manzano. De momento.