Una de las cosas que más me gustó de la primera etapa de Joan Laporta como presidente del Barça (2003-2010) fue que solo tuvo un responsable deportivo, Txiki Begiristain, y dos entrenadores: Frank Rijkaard y Pep Guardiola. Una estabilidad que fue clave para vivir la mejor época de la historia del club. Txiki lideró un primer proyecto ganador con Rijkaard como entrenador y fichando a jugadores como Ronaldinho, Eto’o o Deco. Dos Ligas y una Champions cerraron este ciclo. Y siguió a partir de 2008, con Guardiola en el banquillo, construyendo el Barça de los seis títulos. En junio de 2010, coincidiendo con el final de mandato de Laporta, Begiristain anunció también su salida del club.
En esta segunda etapa, el presidente apostó de entrada por un perfil más técnico como el de Mateu Alemany. Al cabo de unos meses le sumó uno más futbolístico como el de Jordi Cruyff. Y con la llegada de Xavi Hernández al banquillo, esta fórmula trifásica ha acabado dando sus frutos con una liga muy meritoria en uno de los peores momentos económicos de la entidad azulgrana. Pero la realidad es que no ha habido tanta solidez en la estructura deportiva.
Ahora con la llegada de Deco se vuelve al inicio. Al modelo que tantos éxitos ha dado. Dos exjugadores, uno en el despacho y otro en el césped, con buena sintonía y con un mismo lenguaje futbolístico. La presentación del portugués como nuevo Director del Área de Fútbol me transmitió seguridad, serenidad y optimismo. Solo el tiempo dirá si la elección de Deco ha sido un acierto o un fracaso, pero como mínimo Laporta es coherente con sus ideas y ha vuelto al tándem. Si el formado por Deco-Xavi sale la mitad de bien que el de Txiki-Pep o el de Txiki-Rijkaard, el barcelonismo estará de enhorabuena.