El Barça trabaja para vender a alguno de los transferibles y dar salida a los cedidos con los que poder rebajar el límite salarial y hacer frente a los fichajes. Uno de ellos es Samuel Umtiti, que ha terminado su cesión al Lecce y sabe que no tiene sitio en la plantilla azulgrana. El club y los agentes del central han estado buscando soluciones pero, al cierre de esta información, no había consenso.
El punto de fricción es el contrato de renovación generado para ayudar al club a inscribir a Ferran Torres en 2022 y que ahora el club suspira porque acepte la carta de libertad. Aquella ampliación contractual fue una operación pensada a corto plazo, sobre todo, para generar 'fair play'.
El acuerdo con el defensa, que terminaba este junio de 2023, incluía una rebaja del 10% de su ficha y la difería hasta 2026. El club azulgrana se comprometía a pagar el 90 por ciento de lo que tenía previsto al francés, pero repartido en cuatro años y medio. Lo que eso implica una bajada importante de sueldo anual. El jugador salía perdiendo. Sucede que ahora, en el Barça, no pueden hacer frente a su propia solución.
Las dos partes pactaron una cláusula de salida en el inicio del tercer año, en la 2024-2025, por la que tanto el Barça como Umtiti, pagando una cantidad que no ha trascendido, podrán 'cortar' el acuerdo que hay firmado hasta 2026. El club catalán, a través de un comunicado en el que hizo oficial la renovación, expresó públicamente su agradecimiento a Umtiti "por el esfuerzo y el cariño que ha demostrado hacia el club".

