Todo por la foto

Todo por la foto

Cada uno provoca sus propios fantasmas. El ingenuo Frank Lampard dijo tras la derrota del Chelsea en el Bernabéu que no sabía que el Real Madrid era tan bueno. Un genio. Y Laporta se pelearía con Tebas para que le autorizase la inscripción de Messi y así poder hacerse la foto de la reconciliación que tanto busca. Esa foto, si encaja el complejo puzzle, se produciría en el estadio de Montjuïc con un llenazo impresionante, en un día de agosto, rodeado de la plantilla y de Xavi. Será una foto costosa de obtener.

Mientras el equipo sufre y vive de las rentas de la primera vuelta, el Camp Nou se ha acostumbrado a aclamar a Messi. No se observa ningún reproche en ello al esfuerzo de los jugadores y ahí están los registros de récord de asistencia (82.000) que demuestran que el barcelonismo no negocia su fidelidad en los peores momentos. Tampoco renuncia al abrazo con Leo.

Messi ha estado desaparecido de la escena casi dos años con una camiseta que no le representa, ganó el Mundial con diez soldados a su servicio y, de repente, el directivo Yuste habla de finales bonitos: el argentino reaparece para dar un respiro a los múltiples problemas que rodean el club, algunos de cosecha propia (Espai Barça, Montjuïc, Caso Negreira, exclusión de la UEFA, falta de transparencia…). La nostalgia de los buenos tiempos, el deseado de reparar el desgarro con el ídolo engañado, ha decantado el duelo del atribulado día a día. El encuentro Laporta-Jorge Messi abrió una ventana sobre la que explorar la situación y Xavi, aunque no lo diga por prudencia, dibuja campos con flechas en su mente por si llega el momento de ubicar al crack.

La llegada de Messi, a priori, pondría en un aprieto a Aleksander Ceferin y sus ansias indisimuladas de castigar de forma ejemplar al FC Barcelona. Un año de exclusión sería una experiencia terrible para la estabilidad blaugrana. El presidente de la UEFA se excedió con sus amenazas sin pruebas y debió ser llamado al orden por Laporta. En fútbol todo es materia negociable cuando está en juego el monopolio.

Sería difícil entender una sanción a una entidad con una hoja de servicios impoluta que nunca faltó en su cita en los torneos europeos a lo largo de su historia. Y mucho menos si está liderado por el mejor jugador del mundo, que ostenta el vigente The Best y se encamina a obtener el octavo Balón de Oro por su Mundial con Argentina.

Tebas seguirá poniendo todas las trabas para impedir la inscripción de Gavi, Araujo y Marcos Alonso, en situación vulnerable. Sin embargo, el locuaz presidente debe hilar muy fino para torpedear la hipotética inscripción de Messi puesto que no puede presumir de tener un torneo con muchas estrellas. La aprobación a Leo dependerá de un órgano independiente que supervisará el plan de viabilidad pero, como sucede con Ceferin, todo tiene arreglo si hay interés por las dos partes.

LaLiga sigue siendo la segunda competición más valiosa (470 millones) tras la Premier (1000) con la Serie A y la Bundesliga pisándole los talones. La Champions tiene en liza a tres equipos italianos en cuartos de final (Nápoles, Milan e Inter) y no es nada descabellado pensar en uno de ellos como finalista en Estambul.

Visto de esta manera, Messi podría ser un salvavidas, un paraguas. Tampoco sería desdeñable para garantizar una presencia masiva de barcelonistas en el estadio Lluís Companys, donde 30.000 abonados estaban dispuestos a congelar el carnet en la última consulta. El regreso del hijo pródigo es un buen argumento para convencer a los sponsors y enviar un mensaje conmovedor al mundo. Su autofinanciamiento es difícil.

Aunque su vuelta al club era unánime concluida su carrera futbolística, entre bastidores se teje su complicado regreso para reforzar al equipo con 36 años. Esta opción levanta algunos reparos como el frenazo a la reedificación del equipo (pese al posible título de Liga falta tiempo y jugadores de nivel) y el cambio de roles en un vestuario nuevo.

La progresión, sin embargo, no se aprecia con los titulares lesionados. El técnico egarense tiene que echar mano de una segunda unidad carente de nivel y se constata una alarmante falta de gol. Es innegable que este Barça trabaja a destajo como equipo y que la defensa y Ter Stegen están al mayor nivel. Ese esfuerzo colectivo es la puerta que Xavi le abre a Messi en su 4-4-2 como centrocampista de enlace. La foto de la presentación con Laporta la decide Messi, su familia y las opciones por competir. Arabia le cubre de dinero, París le pita y el atardecer en Castelldefels tiene su aquel.

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