Así rezaba una pancarta que portaba un espectador en el partido contra el Almeria en que Piqué se despidió del Camp Nou como jugador del Barça. Era una alusión al pasado como estudiante del ex jugador blaugrana que cursó la primaria y la ESO en el colegio La Salle Bonanova, hasta que con quince años marchó a Inglaterra para alistarse en la academia del Manchester United.
Sin embargo, el paso de Gerard por las aulas del colegio de los hermanos de las escuelas cristianas, conocidos por lucir un babero blanco que cerraba el cuello de su sotana, ha llevado a engaño a muchos narradores futbolísticos que denominan de forma errónea a Gerard como el “central de la Bonanova”, cuando ni él, como tampoco su familia, han residido en tan distinguido paseo de la parte alta de la ciudad de Barcelona. En cambio si que lo han hecho entre otros barcelonistas como Puyol, Sandro Rosell, Artola, Bodiroga y hasta el controvertido Luis Figo.
Se da la curiosidad que en su etapa estudiantil Piqué coincidió durante varios cursos en la misma clase con la hija de Koeman, Debbie. La Salle Bonanova, uno de los centros más masificados, con un censo de dos mil quinientos alumnos anuales, está catalogado como el segundo mejor colegio de Barcelona, por detrás del Sagrado Corazón de la Rambla Catalunya. Fundado en 1899, el mismo año que el FC Barcelona, han vestido su tradicional bata de cuadro gales, alumnos como Josep Vilarasau, Laureano López Rodó, Joan Gaspart, Luis Racionero o Salvador Puig Antich.
En el apartado deportivo, con un total de quince canchas de baloncesto, La Salle siempre ha destacado por este deporte, alcanzando en 1981 la gesta de ascender a Primera División, en la que únicamente permaneció durante una sola temporada en la máxima categoría al renunciar a fichar a ningún extranjero, puesto que se prefirió dar continuidad a la plantilla del ascenso, en que destacaban los Tramullas, Blanco, Collins, Gainza, Puig, Galcerán o Dosaula. Coincidiendo que en aquel año empezó a forjarse la ACB, el único asistente en aquellas primeras reuniones con estudios de derecho era Jordi Bertomeu, que inició de esta manera su carrera como directivo, hasta llevarlo a ser durante muchos años el máximo dirigente de Euroliga, cargo del que fue relevado recientemente.
Un servidor cursó el bachillerato en La Salle Bonanova, junto a otros compañeros de la redacción de deportes de TV3, como el entrañable Sebastià Roca, Xavi Valls, Xavier Arandés y Angel Serralabós. Pero si alguien presume con orgullo de su condición de ex alumno es Paco Flores, ex jugador y entrenador del Espanyol. El día del patrón del colegio se organizaba una jornada festiva cuyo plato fuerte era el partido que enfrentaba a los juveniles del Barça, contras el de La Salle. Como era de esperar la superioridad era clara a favor de los blaugrana, menos cuando la pelota llegaba a los pies del bueno de Paco, que lo reventaba con sus potentes disparos.
Flores, junto al atleta Martí Perarnau, record nacional en salto de altura, con una marca de 2,16, eran los grandes protegidos del hermano Jaime Hilario, más conocido como el “Boris”, por su parecido con el actor Boris Karloff, famoso por su papel de Frankenstein, por ser el responsable de los deportes. Hará unos veinte años que recibí un fax del hermano Hilario recordando mi pasado como jugador de hockey sala, en la que alcanzamos a disputar en Málaga las finales del campeonato de España. Se lo comuniqué a Flores y junto a “Sebas” Roca lo invitamos a una comida llena de viejas anécdotas. Aquel domingo el Espanyol se medía con el Real Madrid en Montjuïc, Paco invitó al hermano a presenciar el partido, que terminó con una merecida victoria perica. Lo que califiqué al día siguiente en TV3 como “el efecto Boris”