Nunca los entrenadores habían tenido la relevancia que están teniendo ahora. Si miramos la historia del siglo XX veremos que efectivamente hay nombres de técnicos de leyenda que se sentaron en los banquillos, pero pienso que jamás tuvieron el protagonismo que hoy tienen en el juego de sus equipos y en el conjunto del espectáculo futbolístico. Y por no hablar de sus salarios.
Quizá el salto cualitativo de los entrenadores empezó con Arrigo Sacchi en el Milan y un poco después con Johan Cruyff y su gran revolución, basada en la simple consigna de que si tienes el balón, el adversario no podrá marcarte un gol. La posesión, la obsesión de Johan, convirtió en juego del Barça en un prodigio que eclosionó con la llegada de Pep Guardiola y que tuvo en la segunda final de Wembley su máxima expresión.
Hace unos años el director de este diario, Santi Nolla , me contó una anécdota. Me explicaba que en una tertulia radiofónica sobre quién era mejor entrenador, si Frank Rijkaard , Pep Guardiola o Luis Enrique , a alguien se le ocurrió decir que Leo Messi .
Efectivamente, ese debate existe. ¿Son los entrenadores o las estrellas, quienes dominan el fútbol? Puede ser que ambos, pero siempre según en que equipos y circunstancias. La historia está llena de ejemplos de entrenadores que pretenden ganar finales sin alinear a sus estrellas.
La última final de la Champions League ha aportado nuevos datos sobre la influencia de los entrenadores en sus equipos. Efectivamente el duelo entre Thomas Tuchel y Guardiola centró todos los previos de la final y las apuestas le daban al Manchester City el papel de favorito ante el Chelsea.
Sin entrar en los detalles, Pep presentó un equipo muy ofensivo, muy distinto al que había utilizado con éxito durante toda la temporada. Tras la derrota, un seguidor del City calificó la alineación ‘blue’ como la de un equipo “diseccionado”.
No se en que momento Pep dio el partido por perdido, pero ante la abrumadora crítica de la prensa británica, el entrenador del City debería reflexionar en solo en un tema: si alguno de sus ayudantes le alertó del peligro que corría saliendo a la final sin control en el medio campo. Si nadie le alertó, Pep tiene un problema, y grave.
Que Pep es una estrella nadie lo pone en duda. Que sus aportaciones al fútbol han sido importantes, tampoco. Ha ganado títulos en las tres grandes competiciones europeas, La Liga, la Bundesliga, la Premier y tiene dos Champions además de un ramillete de copas de todo tipo. Pero Pep puede tener en el mismo un adversario muy potente. La final de Oporto lo demostró hasta el punto de que declaró que no podía buscar ninguna excusa, ni ningún culpable de la derrota. Le falto decir que él fue adversario de su propio equipo.
Otro caso muy distinto es el de Tuchel , considerado como un gran admirador de Pep . Un error de juicio hizo que el PSG se lo sacara de encima tras la final de Lisboa 2020. Hoy, la dirección técnica del equipo parisino debe estar pasando un fuerte trago ante los propietarios catarís. Tuchel es un hecho consumado, ha sustituido a Jürgen Klopp y a Pep en el puesto de entrenador europeo de moda.
Nadie pone en duda que los entrenadores deben jugar un papel de liderazgo. Pero son los propios entrenadores los que deben ser conscientes de las alertas que se disparen ante sus decisiones. Si el entorno deja de funcionar o ser tenido en cuenta, estamos ante señal de que el liderazgo se ha convertido en la dictadura iluminada de un solo hombre, y con un cuadro de esas características es difícil ganar la Champions.