No había tenido aún una sola ocasión en el partido e iba casi un cuarto de hora del mismo. Hasta entonces, mucho trabajo defensivo del argentino, mucho apoyo en los compañeros, buscando los huecos que no llegaban. Pero no es por nada, que el campeón del mundo sea uno de los mejores delanteros del planeta.
Lo es por cosas como la que sucedían a los 14 minutos, cuando la ‘Araña’ cazaba un centro al palo más alejado. Julián leía perfectamente la jugada, el posible pase de Llorente. Cogía la espalda del central de Rayo y colocaba una volea preciosa en la red.
Un alivio para todos, especialmente para el futbolista y para Simeone. No marcaba desde la primera jornada, ante el RCD Espanyol, con aquel golazo de falta directa en la capital catalana. Un gol ante el Rayo Vallecano, que, además, servía para acallar el ruido que se había generado tras el anterior partido contra el Real Mallorca, con aquel campo en el 61’ que tan poco le había gustado al ‘19’, al que se le veía renegando en el banquillo.
“En cuanto a Julián hice lo que entendía que el equipo necesitaba. Es el mejor jugador que tenemos y lo necesitamos, no hay más. Espero que se pueda encontrar con el gol y que el equipo le ayude a tener situaciones porque vive de eso, vino para eso y necesitamos su mejor versión”, había comentado el Cholo en la previa de este partido contra el cuadro franjirrojo.
Una llamada de auxilio a la que el superhéroe del Atlético respondía con un triplete ante un rival que se le da especialmente bien, ya le había marcado en su primera temporada en España. Su 31º gol desde que viste la ‘rojiblanca’, en 63 partidos, que es casi un gol por cada dos partidos. Era una anomalía que Julián Álvarez sólo llevase un tanto en este arranque de temporada, pero era algo que personificaba los problemas que venía teniendo el Atlético para transformar las ocasiones que tenía.
Ya se lo contamos, hasta el choque del Rayo, el equipo de Simeone llevaba 73 remates para ocho goles, necesitaba más de nueve para cada gol anotado.
El argentino haría el segundo de la noche, en el 80’, para empatar, cuando la cosa peor estaba. Y el delirio, un chutazo desde la frontal para darle la vuelta al partido. 33 goles desde que viste la ‘rojiblanca’, en 63 partidos, que es casi un gol por cada dos partidos



