Sergio Reguilón no está viviendo su mejor temporada como profesional. Llegó en agosto al Atlético de Madrid, cedido por el Tottenham, para recuperar sensaciones y volver a sentirse importante en un equipo grande. Pero han pasado los meses y, lejos de conseguirlo, su curso está muy alejado de lo que pretendía.
No iba a ser sencillo porque, entre otras cosas, ya llegó lesionado. Se había operado de pubalgia y estuvo varios meses recuperándose. No fue hasta el 9 de noviembre cuando pudo debutar con el Atlético, saltando al campo en los minutos finales del encuentro ante el Mallorca en Palma, con derrota para los colchoneros. No volvió a jugar hasta el 29 de diciembre. 33 minutos frente al Elche en lo que fue su estreno en el Metropolitano.
A partir de ahí empezó a tener más protagonismo, siempre saltando desde el banquillo, jugando ante Oviedo, Barcelona y Almería. Pero en este último partido, vio dos amarillas seguidas y fue expulsado. Desde entonces, no ha vuelto a jugar.
Porque Simeone así lo ha querido y porque sus problemas físicos tampoco han ayudado. El último, una lesión muscular en un muslo sufrida a mediados de febrero de la que aún se está recuperando. La semana pasada ya se ejercitó sobre el césped, en solitario pero con balón y a buen ritmo. Y se espera que esta semana pueda unirse al grupo para estar disponible para la visita del Betis al Metropolitano del domingo.
Está por ver que el Cholo vuelva a contar con él, pero la lesión de gravedad de Reinildo le concede más opciones de jugar de nuevo con el Atlético. Y muchas más oportunidades no va a tener, porque cuando acabe la temporada regresará al Tottenham, club que tiene sus derechos. La entidad colchonera no negociará para prolongar su cesión en vista del rendimiento que ha ofrecido.
Poco más de dos meses por delante
Pero Reguilón quiere acabar bien su experiencia rojiblanca. Tiene algo más de dos meses por delante para convencer a Simeone y tener una dulce despedida del Atlético de Madrid, tras una controvertida llegada (parte de la afición criticó su fichaje por su sentimiento madridista y por las condiciones de la operación) y una estancia marcada por lo poco que ha jugado. Sólo cinco partidos para un total de 97 minutos tras siete meses en el equipo rojiblanco.


