Chasco para aquellos aficionados y seguidores del Athletic que tenían planeado acudir el sábado a Barcelona para ver en directo uno de los clásicos de la Liga. Su gozo en un pozo tras el comunicado emitido ayer por la propia entidad de Ibaigane. Comunicado que recogía el aviso recibido desde el Barça en el sentido de que no iba a poder vender entradas visitantes por razones de accesibilidad y seguridad.
Algo anormal en lo que a los desplazamientos del Athletic hace referencia ya habían dado a entender la semana pasada desde Ibaigane al señalar, en otra nota informativa, que 468 socios se habían apuntado al sorteo de entradas para este clásico, pero que dado que no se conocía todavía el número total de tickets disponibles, no era posible concretar quiénes habían sido los agraciados. Los 114 simpatizantes rojiblancos que esperaban su oportunidad en caso de que sobrasen plazas se encontraban en la misma tesitura.
Lo sucedido en torno al nuevo campo del Barça no es normal. Viene de lejos. Parece poco serio que a falta de menos de una semana de la disputa de un partido se desconozca dónde se va a celebrar.
Muy atrás queda ya aquello de la autodenominada Liga de las Estrellas. Falta seriedad. No sólo ahora, sino desde hace mucho tiempo.
Algo claro sí debe quedar también. Lo normal cuando un club no tiene entradas suficientes para atender a todos los suyos es que ceder algunas al rival. El Athletic así lo hizo cuando en el nuevo San Mamés se jugó con el fondo sur en obras.