Este Athletic de Valverde, de los Williams, de Sancet, de Vivian y de Unai Simón ya se ha hecho un hueco en la historia del Athletic. San Mamés es el estadio con mayor porcentaje de ocupación de LaLiga, un 90 por ciento. Diez veces ha superado esta temporada los 48.200 espectadores. Normal, se programa cada quince días ‘rockanrol’ del bueno.
Y ya son dos años así. Goles y victorias se concatenan. Un título de Copa, unas semis europeas y cuartos y quintos en Liga. Una pena que no sea para siempre, que esta plantilla y este técnico no sean eternos. Por eso es tiempo de disfrutarlo.
Tengo 60 tacos y peino alguna cana y les aseguro que este fútbol y estos resultados no son normales, por mucho que algunos forofos -recién llegados al mundo algunos- crean que siempre es tiempo de mieles y que con regar a menudo en la huerta de Lezama recogeremos frutos y títulos como quien llena la cesta de la compra en el supermercado. El Athletic Club ha pasado por muchas penurias, ha transitado largos desiertos y volverá a hacerlo. Hasta ha flirteado con el descenso más de una vez.
.Leyendas como Iribar o como Guerrero apenas se han llevado una alegría colectiva que echarse a la boca en sus dilatadas trayectorias como rojiblancos. Las finales de Copa con el Castellón y el Betis en los 70, y los títulos de Clemente -incluida una final perdida contra el Atlético de Hugo Sánchez- fueron lo único que pudo colocar el Athletic en sus estantes museísticos en los últimos 40 años del siglo XX.
La Ley Bosman, 1995, pareció ser el tiro de gracia al estilo Athletic. Lezama era un caladero libre para los demás clubes y los futbolistas de la cantera podían negociar su salida. Los extranjeros se multiplicaban en las competiciones. ¿Podría el Athletic competir? La temporada del subcampeonato liguero de Luis Fernández (97/98) supuso para muchos un último canto de cisne de la filosofía rojiblanca.
Llegaron años de ostracismo, y hasta un bienio negro que casi nos lleva a la tumba y, sin embargo, un utrerano ultracompetitivo y un argentino soñador desempolvaron la fe rojiblanca y nos volvieron a hacer creer. El Athletic podía y puede competir, y con las mismas armas de siempre.
El milagro tiene fecha, en mi opinión. Todo empezó con una remontada copera, en semis, ante el Sevilla, qué paradoja, con Caparrós en nuestro banquillo. Año 2009. Hemos de agradecérselo a Del Nido y a su bocachancla. “Nos vamos a comer al león, de la cola al rabo”, anticipó con gracejo el tipo.
Bilbao se confabuló. Fue una noche mágica. La ciudad rebosaba rojiblanquismo. La gente estaba enardecida. Orgullo por los colores. Una noche envuelta en lluvia. Magia en la grada y vendaval en el césped. El resto es historia.
En los quince años posteriores el Athletic ha disputado seis finales de Copa (ganando solo una por culpa del Barça de Guardiola y Messi), ha obtenido dos Supercopas y ha jugado dos finales europeas y una semifinal, obteniendo un buen número de clasificaciones continentales, con un par de Champions incluidas.
Chavales, os lo dice un veterano de mil batallas y guerras, disfrutad lo que hay, que es para festejarlo. ¡Y algunos se quejan de Valverde, ay!




