La brillante trayectoria continental del Athletic se fue al traste de golpe y porrazo. El golpe llegó en el propio estadio bilbaíno con el 0-3 en contra frente al Manchester United. El porrazo tuvo lugar una semana más tarde en Old Trafford en forma de nueva goleada esta vez por 4-1.
No merecían los leones una despedida así de la presente edición del torneo europeo. Menos aún con la final a la vuelta de la esquina en la propia capital vizcaína. En el fútbol, guste o no, se vive del ahora y a Valverde y su plantilla les llegó este cruce contra los ingleses en un momento ciertamente inoportuno.
Que los pupilos de Amorim hicieran un siete al Athletic no entraba ni en los pronósticos más pesimistas. Agirrezabala, sin embargo, recibió en estos dos encuentros de semifinales casi tantos goles en contra como durante el resto del campeonato. Mal síntoma.
Demasiados inconvenientes
La Roma, a priori, era una de los grandes favoritos para proclamarse campeón de la presente edición de la Europa League. Los de Ranieri, sin embargo, hincaron la rodilla contra el Athletic. Tras perder 2-1 en el Olímpico de la capital italiana, los rojiblancos se impusieron por 3-1 en San Mamés a un rival que acusó en exceso la relativamente madrugadora expulsión del alemán Hummels.
Los leones también dispusieron de superioridad numérica durante muchos minutos en su visita a Glasgow para medirse al Rangers por roja directa a su central Propper. En aquella ocasión, los escoceses supieron mantener su portería a cero, pero sucumbieron a la vuelta en San Mamés.
La roja en semifinales cayó esta vez del lado bilbaíno. Vivian cometió penalti, a juicio del colegiado, y se ganó la expulsión en un forcejeo con Hojlund. El principio del fin de los leones en Europa empezó a mascarse a partir de ahí. Luego, con el central internacional sancionado y los Williams y Sancet de baja, llegó el remate final. El sueño de la final de San Mamés, eso sí, fue bonito mientras duró.


