El Athletic jugará las semifinales de Copa, las cuartas de manera consecutiva. Es fácil decirlo y escribirlo, pero es mucho más difícil de conseguir. El mérito es enorme en la competición preferida en Bilbao. Dos se ganaron ante Granada y Levante y la del año pasado se perdió precisamente frente al Valencia, entonces dirigido por José Bordalás.
Los leones se sacaron la espina ayer con un partido muy serio en el que se hicieron acreedores con todo merecimiento al pase de ronda y además se mostraron muy efectivos ante la portería contraria, algo que había faltado en los cuatro últimos partidos de Liga.
Muniain, Nico Williams y Mikel Vesga de penalti hicieron buena la superioridad exhibida por los rojiblancos. Tanto es así que no se recuerda una ocasión clara de los locales a excepción del gol en propia puerta marcado por De Marcos. Esto hay que apuntarlo en el haber de los visitantes.
El tanto anotado por el menor de los hermanos al filo del descanso tuvo mucha trascendencia. De esta manera, el equipo de Valverde se repuso rápido al 1-1 para irse al descanso con ventaja en el marcador. Sin duda, un gol de los denominados psicológicos que sirvió para jugar con la tranquilidad necesaria en el segundo periodo. El 1-2 siempre genera incertidumbre, pero la diana anotada por el gasteiztarra desde los once metros despejó cualquier duda.
Se trata sin duda de un triunfo muy importante para mantener la ilusión en la hinchada.