La firma pasional de Eder Sarabia

PERFIL MD

El técnico vasco ha convertido al Elche en un equipo reconocible, con pasión, pelota y un estilo que trasciende los resultados

Eder Sarabia, entrenador deel Elche CF.

Eder Sarabia, entrenador deel Elche CF.

Elche CF

Hay artistas que se reconocen al primer trazo, cineastas capaces de dejar su huella en cada plano, músicos que imprimen su estilo aunque cambien de género. En el fútbol, también existen entrenadores que transforman un equipo hasta convertirlo en un reflejo de su manera de sentir el juego. El Elche de Eder Sarabia es hoy uno de esos equipos de autor.

El técnico vasco, que a sus 44 años ha debutado en Primera (como primer entrenador) tras un largo recorrido de aprendizaje, transmite en la banda una pasión ardiente y vehemente que contrasta con la frialdad de otros banquillos. Lo suyo es vivir cada minuto con intensidad, pero al mismo tiempo con un plan claro. Un fútbol protagonista, desde la pelota, donde crear siempre es más importante que destruir.

Su sello empieza a ser visible en el Martínez Valero y fuera de él. Frente al Atlético de Madrid, Sarabia definió el empate como “un ejercicio de supervivencia”, pero no dudó en reconocer que “quizás ellos merecieron más, pero en este maravilloso deporte, el que no es mejor puede puntuar”. Ese equilibrio entre pasión y reflexión sostiene a un Elche que, más allá de los resultados, busca consolidar una identidad. “Vamos a seguir teniendo esa esencia”, subrayó tras el partido contra los colchoneros, dejando claro que el camino está marcado.

El recorrido de Sarabia hasta aquí es también una historia de constancia. Hijo de Manu Sarabia, exfutbolista y entrenador, Eder ha ido escalando desde los banquillos modestos del fútbol regional vasco hasta la élite, pasando por Primera RFEF y la categoría de plata, donde dirigió más de un centenar de partidos. Su etapa como segundo de Quique Setién en Las Palmas, Betis y Barcelona fue un máster acelerado en presión y exposición. “El haber vivido el Barça y el Betis te enseña a manejar las críticas”, confesaba hace unos meses. De Setién aprendió a no dejarse arrastrar por la euforia ni el pesimismo, pero también a mantener la pasión como motor de su forma de entender el fútbol.

Esa pasión le ha jugado a veces malas pasadas. En su etapa en el Camp Nou, su vehemencia le colocó en el ojo del huracán tras las fricciones con jugadores como Leo Messi. Él mismo lo reconoce: “Sí, todavía tengo ese nervio, pero sí que en muchos momentos tengo esa capacidad reflexiva”. Esa evolución personal se refleja ahora en un Elche que combina intensidad y calma, fuego y equilibrio, siempre con la pelota como punto de partida.

El contexto actual convierte esta etapa en algo especial. El Elche celebra sus bodas de plata en la Primera División, y lo hace con un entrenador novato en la élite pero con un discurso claro de humildad, aprendizaje constante y ambición. “No hay que encerrarse en cuatro ideas”, sostiene Sarabia, convencido de que un entrenador debe absorber conocimientos, escuchar y adaptarse. Esa mentalidad lo ha llevado a rodearse de un staff que funciona como una familia y a mantener contacto con otros técnicos que valora, como Luis Enrique, con quien comparte reflexiones sobre el oficio.

En el césped, la huella de Sarabia se ve en un equipo que sabe sufrir, como en el empate en el Metropolitano, pero también en su afán por ser protagonista cuando las circunstancias lo permiten, como en el debut liguero ante el Betis. Sabe que la Primera División es “una barbaridad” de exigencia, pero también que cada punto puede ser decisivo en el camino hacia la permanencia. Y en ese trayecto, el Elche quiere dejar una impronta que trascienda los resultados.

Quizá no haya un título inmediato, ni un reconocimiento unánime. Pero lo que sí hay es un equipo con alma, con un entrenador que vive cada segundo como si fuera el último y que transmite a su plantilla la idea de que el fútbol también es un arte. Como los grandes autores, Eder Sarabia no busca gustar a todos, sino ser fiel a un estilo. Y el Elche, bajo su mando, empieza a sonar como una obra con firma propia.

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