El Granca reina un euroderbi de dos caras y muchos sustos
BALONCESTO-CHAMPIONS LEAGUE

- José Luis Jiménez
El primer capítulo del Euroderbi en la Basketball Champions League no defraudó, aunque dejó un sabor amargo en la expedición tinerfeña que va mucho más allá del marcador.
Lo que parecía una exhibición coral de La Laguna Tenerife en la primera mitad terminó convirtiéndose en una emboscada del Dreamland Gran Canaria, que supo leer el cambio de viento tras el descanso para igualar el Grupo L (2-1) y castigar el apagón de un Canarias que, para colmo de males, vio cómo su brújula, Marcelinho Huertas, se retiraba lesionado.
Un monólogo. El arranque fue un clínic de Txus Vidorreta. Los aurinegros saltaron al parqué con el manual de estilo bajo el brazo: defensa asfixiante y una fluidez ofensiva que dejó al Granca mirando matrículas. Con Fitipaldo y un Van Beck letal, el 0-8 inicial ya avisaba de las intenciones visitantes.
Mientras Nico Brussino intentaba achicar agua para los locales, el Tenerife se sentía cómodo, mandando en el rebote y moviendo la bola con la precisión de un reloj suizo. Marce repartía caramelos (5 asistencias al descanso) y Jaime Fernández ponía la guinda con una penetración marca de la casa sobre la bocina para cerrar una primera parte de ensueño: 29-44. Quince arriba y la sensación de que el derbi tenía dueño.
El apagón. Pero el baloncesto en las islas es impredecible. Tras el paso por vestuarios, el guion sufrió un giro de 180 grados. El Granca, herido en su orgullo, subió tres marchas la intensidad. Los problemas de faltas de Doornekamp y Fran Guerra empezaron a descoser el traje defensivo tinerfeño, y el aro, antes gigante, se hizo minúsculo para los laguneros.
Un parcial de 11-0 metió el miedo en el cuerpo a los visitantes. Y entonces, el silencio: Marcelinho Huertas pedía el cambio con gestos de dolor en su pie derecho. El brasileño no volvió, y con él se fue la luz. El Granca, impulsado por un Wong eléctrico y el despertar de su rotación, olió la sangre y cerró el tercer cuarto con un parcial de 21-7 que cambió el mando del partido (50-51).
El último cuarto fue un ejercicio de supervivencia. El equipo de Lakovič manejó mejor las pulsaciones, aprovechando los nervios y el desacierto aurinegro desde el tiro libre. Pese a que Thomas Scrubb se multiplicó en ambos aros y Gio Shermadini intentó imponer su ley, el Granca ya volaba con el viento a favor (71-65).
En un último aliento de orgullo, Bruno Fitipaldo encadenó cinco puntos que maquillaron el resultado y salvaron el average para una posible batalla final, dejando el definitivo 72-70. El Tenerife pierde su condición de invicto en el Top 16, pero lo que realmente mantiene en vilo a la isla de enfrente no es la derrota, sino el estado del pie de su eterno capitán. El derbi fue amarillo.